Domingo 24 Tiempo
ordinario – B (Marcos 8,27-35)
Evangelio del 16 / Sept
/ 2018
El episodio de Cesarea
de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos. Después de un
tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva:
«¿Quién decís que soy yo?». En nombre de todos, Pedro le contesta sin dudar: «Tú
eres el Mesías». Por fin parece que todo está claro. Jesús es el Mesías enviado
por Dios, y los discípulos lo siguen para colaborar con él.
Pero Jesús sabe que no
es así. Todavía les falta aprender algo muy importante. Es fácil confesar a
Jesús con palabras, pero todavía no saben lo que significa seguirlo de cerca
compartiendo su proyecto y su destino. Marcos dice que Jesús «empezó a
enseñarles» que debía sufrir mucho. No es una enseñanza más, sino algo
fundamental que los discípulos tendrán que ir asimilando poco a poco.
Desde el principio les
habla «con toda claridad». No les quiere ocultar nada. Tienen que saber que el
sufrimiento los acompañará siempre en su tarea de abrir caminos al reino de
Dios. Al final será condenado por los dirigentes religiosos y morirá ejecutado
violentamente. Solo al resucitar se verá que Dios está con él.








