martes, 29 de septiembre de 2026
lunes, 28 de septiembre de 2026
"Desarme nuclear y caminos hacia una paz desarmada y desarmante"
Taller Internacional y Asamblea General 2026
"Desarme nuclear y caminos hacia una paz desarmada y desarmante"
Del viernes 18 al lunes 21 de septiembre de 2026, Glasgow
La Conferencia de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz (Justicia y Paz Europa) concluyó su Taller Internacional y Asamblea General, que tuvo lugar del 18 al 21 de septiembre de 2026 en Glasgow. Acogida por Justicia y Paz Escocia, la reunión se centró en el tema «Desarme nuclear y vías hacia una paz desarmada y desarmante».
El Taller Internacional reunió a cuarenta delegados de las Comisiones nacionales de Justicia y Paz de toda Europa. El programa incluyó intercambios con expertos en armas nucleares y desarme, y ofreció análisis pertinentes desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia. En cinco talleres, los participantes estudiaron cuestiones de seguridad humana y alternativas a la disuasión nuclear, las consecuencias humanas y medioambientales de las armas nucleares, las dimensiones económicas del desarme, la historia de la acción política a favor del desarme nuclear y las habilidades de diálogo para la paz. En la base naval de Clyde (Faslane), los delegados participaron en un testimonio por la paz y realizaron una acción simbólica preparada en colaboración con el Movimiento Laudato Si' en el contexto del actual Tiempo de la Creación.
Las reflexiones del Taller Internacional se inspiraron en particular en el llamamiento del Papa León XIV a «una paz desarmada y desarmente», como expresó en su reciente encíclica Magnifica Humanitas. Los delegados aprobaron una Declaración Final en la que se pide una atención renovada a la necesidad de buscar vías hacia el desarme nuclear multilateral y una paz justa, especialmente en el contexto geopolítico actual.
La Asamblea General ofreció la oportunidad a las Comisiones nacionales de Justicia y Paz de compartir experiencias e ideas sobre su trabajo por la justicia, la paz, los derechos humanos y el cuidado de la Creación. El delegado ucraniano informó a los participantes sobre los últimos acontecimientos en su país devastado por la guerra. La Asamblea también dio la bienvenida a invitados especiales, entre ellos representantes de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), Cáritas Europa, el Centro Social Jesuita Europeo y los Dominicos por la Justicia y la Paz. Los participantes escucharon un mensaje de saludo y aliento de la Hna. Alessandra Smerilli, nueva prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. La Asamblea General también acordó un nuevo plan de cuatro años para Justicia y Paz Europa, en el que se establecen las prioridades de la red para el próximo mandato.
Reelección de los copresidentes y nuevos miembros del Comité Ejecutivo.
La Asamblea General reeligió al arzobispo Antoine Hérouard, de Francia, y a Maria Hammershøy, de Dinamarca, como copresidentes de Justicia y Paz Europa para un segundo mandato de tres años. El diácono Gary Carville, de Irlanda, y el prof. P. Vladimir Dugalić, de Croacia, fueron elegidos nuevos miembros del Comité Ejecutivo, mientras que la Asamblea agradeció a Gertrud Casel, en representación de la Comisión de Justicia y Paz de Luxemburgo, sus largos años de dedicada labor. Justicia y Paz Europa expresa su gratitud a Justicia y Paz Escocia, a su presidente, el arzobispo William Nolan, y a sus miembros por acoger la reunión y por la cálida acogida brindada a la red europea.
DECLARACIÓN FINAL.
La seguridad no se fundamenta en la amenaza de destrucción, sino en la justicia, la dignidad humana y el bien común.
Como delegados de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz, nos reunimos en Glasgow (Escocia) del 18 al 21 de septiembre para aprender, reflexionar y actuar sobre la urgente necesidad de avanzar en el desarme nuclear. Nos encontramos en un momento de gran tensión global en el que muchos Estados con armamento nuclear están participando directamente, o lo han hecho recientemente, en conflictos militares contra naciones tanto nucleares como no nucleares. Inspirados por las palabras del Papa León XIV en su primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, instándonos a trabajar por una "paz desarmada y desarmante", nuestro encuentro puso un énfasis profundo en superar los debates abstractos para plantear la pregunta crucial: ¿cómo logramos el desarme de forma práctica?.
Desde la década de 1960, Escocia ha albergado los submarinos con armamento nuclear del Reino Unido en HMNB Clyde (Faslane), en el río Clyde. En consecuencia, desde los años 80, tanto Justicia y Paz de Escocia como la Conferencia de Obispos de Escocia, junto con un movimiento por la paz más amplio en todo el país, han abogado continuamente por una paz y seguridad auténticas, rechazando la falsa seguridad basada en el ejercicio del poder y la amenaza de la «destrucción mutua asegurada» (MAD). Durante nuestra estancia en Glasgow, nos reunimos con miembros de este consolidado movimiento escocés por la paz. Aprendimos de su firme compromiso con el desarme a través del diálogo y la diplomacia, visibilizando los catastróficos impactos humanos y medioambientales de una detonación nuclear, promoviendo una transición justa para los trabajadores del sector de la defensa y educando a la sociedad para la paz, la no violencia y la reestructuración del concepto de seguridad centrado en el Estado.
Para fundamentar nuestras reflexiones intelectuales y teológicas en el contexto del mundo real, visitamos Faslane para participar en una vigilia de testimonio cristiano por el desarme y la paz. Ante las puertas tras las cuales se albergan estas armas de destrucción masiva, oramos, escuchamos las Escrituras y reflexionamos sobre la verdad fundamental de que la seguridad auténtica no puede construirse sobre la adicción a las armas y el aumento del gasto nuclear, sino que debe arraigarse en la dignidad humana, el respeto al prójimo y la promoción del bien común.
La Doctrina Social de la Iglesia ha mantenido durante décadas una postura firme respecto a las armas nucleares. Desde Pacem in Terris (1963), que declara que "las armas nucleares deben ser prohibidas" (112), hasta Magnifica Humanitas (2026), la Iglesia ha desafiado constantemente el discurso político contemporáneo que domina las políticas internacionales de defensa. Magnifica Humanitas identifica específicamente la "creencia extendida pero errónea de que la disuasión nuclear es un requisito indispensable para la seguridad" (194). Por lo tanto, como cristianos comprometidos en hacer realidad los marcos morales de la Doctrina Social de la Iglesia, reconocemos que las armas nucleares nunca pueden considerarse "armas justas", y que su producción, posesión, uso, así como la amenaza de su uso, siguen siendo moralmente deplorables.
Sin embargo, una voz verdaderamente profética también debe ser relacional y realista. No predicamos desde una torre de marfil, ajenos a los miedos reales y a las amenazas a la seguridad que afronta la población mientras la guerra domina los asuntos europeos e internacionales. La situación provocada por la agresión rusa a Ucrania sirve como un duro recordatorio de las complejidades que rodean a la disuasión nuclear y a la vulnerabilidad de los Estados, planteando preguntas difíciles sobre seguridad y defensa. Reconocemos que las realidades geopolíticas de nuestras respectivas naciones varían enormemente; desde las amenazas históricas y presentes en Europa Central y Oriental hasta las perspectivas de los países neutrales.
A pesar de estas diferencias, compartimos un compromiso unificado: no debemos acostumbrarnos a la existencia de armas nucleares, ni aceptar el relato dominante de que para garantizar la paz debemos prepararnos para la guerra. Lo rechazamos categóricamente y, en su lugar, respaldamos las palabras del Papa Pablo VI de que si quieres la paz, debes trabajar por la justicia, y asumimos el llamamiento de nuestro actual Santo Padre a trabajar por una paz desarmada y desarmante. La seguridad auténtica no se encuentra en la inseguridad armada, sino en la seguridad humana: invirtiendo en las personas, las instituciones democráticas y la justicia social. Además, nuestra evaluación moral debe ampliarse para reconocer que la amenaza de destrucción masiva está evolucionando. Debemos abordar con urgencia la integración de la Inteligencia Artificial en los sistemas de mando nuclear, haciéndonos eco de la Declaración de Roma de la Asamblea Mundial de Premios Nobel sobre IA y Guerra Nuclear, así como los rápidos avances científicos que aumentan el riesgo de las armas biológicas.
Para alcanzar nuestro objetivo común de superar la disuasión nuclear y construir una paz auténtica basada en la justicia, nos comprometemos a llevar a cabo las siguientes acciones concretas y hacemos un llamamiento a las mismas:
- Fortalecer los marcos de desarme: Urgimos a los líderes políticos a reforzar el derecho internacional y el multilateralismo, y a cumplir los compromisos de desarme existentes. Esto requiere un apoyo inquebrantable al Tratado de No Proliferación (TNP), al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE) y al desarrollo de un Tratado de Prohibición de la Producción de Material Fisionable (FMCT). Pedimos a las naciones europeas que firmen y ratifiquen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) e instamos a los Estados comprometidos con la disuasión nuclear a participar en sus procesos, incluso asistiendo a las reuniones como observadores.
- Exigir responsabilidades a los gobiernos y a la industria: Las Comisiones de Justicia y Paz deben interactuar continuamente con los representantes electos y pedirles cuentas, desafiando a los gobiernos que incrementan el gasto en defensa a expensas de la justicia social y económica. También debemos combatir los intereses económicos arraigados en la industria de las armas nucleares y el armamento en general, y defender transiciones justas para los trabajadores afectados.
- Movilizar a la sociedad civil para el desarme nuclear multilateral: Animamos a los cristianos y a todas las personas de buena voluntad a asumir la causa de la no violencia y el desarme nuclear mediante acciones pacíficas. Esto puede incluir: oración, reflexión, incidencia pública y testimonio en espacios públicos, por ejemplo en los lugares donde se albergan armas nucleares.
- Invertir en Educación para la Paz: Debemos priorizar la Educación para la Paz y la Educación para la Ciudadanía Global para cambiar mentalidades en Europa y en todo el mundo, cuestionando la normalización de las armas nucleares y redefiniendo la "seguridad", alejándola de la militarización y orientándola hacia la seguridad humana; es decir, la protección y el desarrollo de las personas, la democracia, las comunidades y los recursos. Reconocemos que para lograrlo también debemos combatir la desinformación, tanto en la política y los medios de comunicación como en nuestras propias iglesias.
- Fomentar el diálogo y alternativas creíbles: Nos comprometemos a crear y mantener espacios de diálogo dentro de la Iglesia y la sociedad civil; debemos garantizar que los temores e inquietudes de seguridad genuinos sean escuchados, al tiempo que desarrollamos y promovemos alternativas creíbles a la disuasión nuclear.
Nos vamos de Glasgow reafirmados en nuestra convicción de que el desarme nuclear multilateral es tanto un imperativo moral como un reto político práctico. Nos comprometemos a ser una voz profética y persistente en favor de una paz auténtica y justa en la que la seguridad no se fundamente en la amenaza de destrucción, sino en la justicia, la dignidad humana y el bien común.
Texto original: https://www.juspax-es.org/l/asamblea-general-de-justicia-y-paz-europa/
domingo, 27 de septiembre de 2026
Latonius Gospel Choir
sábado, 26 de septiembre de 2026
Incluso uno solo de estos pequeños
112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.
Domingo, 27 de septiembre de 2026
Querida familia diocesana:
El lema de la Jornada del Migrante y del Refugiado de este año está inspirado en las palabras de Jesús cuando, para responder a la pregunta de quién es el mayor en el reino de los cielos, pone a un niño en medio de los discípulos invitando a su acogida: «el que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5); y, previniéndoles de un posible rechazo, les advierte: «cuidado con despreciar a uno de estos pequeños» (Mt 18,10). Palabras que no nos pueden dejar indiferentes como discípulos de Cristo, sino que cuestiona nuestra conciencia sobre cómo actuamos con ellos.
De esta manera se pone ante nosotros la dramática realidad de los menores, «los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales», como recuerda León XIV en su Mensaje para esta Jornada, que les invito a leer. Niños y jóvenes que «se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos», había ya indicado su predecesor Francisco hace algunos años.
La comunidad cristiana, la Iglesia, nuestra diócesis, tu parroquia… como madre, está llamada a acogerlos favoreciendo una cultura del encuentro. Se trata de «aprender el lenguaje de la cercanía –como nos pedía el Papa en su visita a nuestra diócesis el pasado junio– ese que se comprende más con las manos que con las palabras» (LEÓN XIV, Discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna).
El mismo León XIV nos lo enseñó con sus hermosos gestos acogiendo y abrazando a los niños inmigrantes en el Dispositivo de Acogida de Las Raíces, con naturalidad y alegría; con una mirada llena de ternura y de comprensión. Imágenes que recorrieron el mundo entero, ocupando titulares, y que es expresión de una Iglesia acogedora, que abraza a quien sufre, a quien ha sido víctima de mafias, a quien quizás ha perdido a su madre y se encuentra solo y desamparado… pero no está solo. Mientras haya un cristiano, incluso uno solo, habrá alguien que reconozca en ese pequeño a su Maestro, que nos enseña que lo que le hagamos se lo hacemos a Él mismo («En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis», Mt 25, 40).
Palabras que no pueden dejar de resonar en nuestro corazón para que caigan «las barreras más difíciles de derribar [que] no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia» (LEÓN XIV, Discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna); un miedo que algunos buscan alimentar a través de la manipulación de la información creando confusión en la opinión pública y en los ciudadanos, incluso en los que formamos la Iglesia de Cristo.
Se nos invita a estos gestos «incluso a uno solo de estos pequeños». No se trata de grandes números, somos limitados y no podemos aspirar a solventar los problemas del mundo, pero sí de una persona concreta. Hemos de reconocer en cada uno, incluso en uno solo, sea un recién nacido, un niño, un adolescente o un joven a un ser humano, como nosotros, que ha nacido del amor creador de Dios, que posee una dignidad propia, una dignidad ontológica, en cuanto persona y que, por eso, tiene que ser acogida, respetada y promovida, como insiste el Papa en su encíclica Magnífica humanidad.
«Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios, ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado al ser» (LEÓN XIV, Enc. Magnifica humanitas, 52).
Queridos hermanos y hermanas, quienes formamos esta familia nivariense, la diócesis de San Cristóbal de La Laguna, y que tuvimos el gozo de sentirnos bendecidos con la presencia del Papa en medio de nosotros no podemos ni debemos olvidar las palabras que, como Sucesor de Pedro, nos dijo. El reto que nos marcó en nuestra acción evangelizadora: «su vocación –nos decía a nuestra diócesis– es la acogida», «convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas» (LEÓN XIV, Homilía en la Misa del Puerto de Santa Cruz de Tenerife).
Que la celebración de esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos ayude a seguir creciendo en nuestra vocación de ser una Iglesia acogedora, «incluso con un solo de estos pequeños», siguiendo el ejemplo de María, modelo de la Iglesia, que en su advocación de la Virgen de Candelaria acompañó a muchos canarios que emigraron en tiempos pasados y que hoy acoge a muchos inmigrantes que vienen a nuestras islas desde los países hermanos de Latinoamérica.
Eloy A. SANTIAGO SANTIAGO
Obispo de San Cristóbal de La Laguna
viernes, 25 de septiembre de 2026
“Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (y IV)
(Continuación de: “Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (III)).
Preparar para la vuelta a la sociedad.
Quizá sea ésta una de las afirmaciones más radicales del cristianismo sobre el ser humano. Una persona puede tener futuro sin necesitar un pasado falso. Puede recordar lo que hizo, asumirlo, reparar cuanto sea posible y, aun así, recibir de nuevo una tarea. La gracia no elimina la memoria; evita que la memoria se convierta en prisión.
Por eso la gramática con la que comenzábamos vuelve al final con mayor fuerza. Una condena puede ser un punto y aparte, porque obliga a detener una vida y replantearla. La responsabilidad necesita comas largas en las que no se pueda correr para escapar de la verdad. La justicia restaurativa abre dos puntos hacia aquello que debe hacerse después del daño. La reinserción necesita puntos y seguido, porque ningún regreso serio empieza desde cero. Lo anterior continúa escrito, pero ya no dicta por sí solo lo siguiente.
Eso es lo que debería decir la Merced este año y, sobre todo, lo que la Iglesia debería ser capaz de demostrar después. Que creemos en una justicia que protege y repara; en unas Instituciones Penitenciarias capaces de preparar responsablemente la vuelta a la sociedad; en una Pastoral Penitenciaria que no termina ante el muro; en voluntarios y voluntarias que hacen de la fidelidad una forma concreta de la caridad; en comunidades que entienden que la reinserción no es una palabra ajena, porque quien vuelve necesitará vivir entre nosotros.
“Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”.
Y creemos también que una persona puede sorprender para bien. Que puede dejar de utilizar su historia como excusa y convertirla en responsabilidad. Que puede descubrir dentro de una prisión una vocación, una disciplina, una fe, una forma nueva de cuidar o simplemente una verdad sobre sí misma que nunca había querido escuchar. Que puede salir sin ser la misma que entró.
Cuando León XIV dijo en Brians 1 “Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”, estaba diciendo todo eso sin necesidad de explicarlo. No estaba rebajando la culpa ni prometiendo un desenlace fácil. Estaba proclamando que ninguna vida humana se agota en el lugar más oscuro de su historia.
La Merced debería ayudarnos a creerlo con hechos. A quitar vendas cuando alguien sale, como en Betania. A acompañar el regreso a casa, como en Gerasa. A comprender que la conversión toca también aquello que debe repararse, como en la casa de Zaqueo. Y a saber que incluso después de una caída puede existir una nueva responsabilidad, como junto al lago de Tiberíades.
La esperanza penitenciaria.
No son escenas distintas pegadas sobre la realidad penitenciaria. Son variaciones de una misma afirmación evangélica: Dios nunca mira a una persona únicamente desde lo que fue.
Ese es el corazón de la esperanza penitenciaria. No negar el daño, sino impedir que el daño escriba solo el resto de la historia. No borrar la culpa, sino abrirla a la responsabilidad. No convertir la prisión en paréntesis, sino hacer de ella, cuando sea posible, un tiempo desde el que preparar otro modo de vivir. No abandonar a quien sale justo cuando comienza el tramo más difícil.
Si la Merced consigue que la Iglesia entienda esto, habrá dejado de ser solamente una celebración para convertirse en una manera de mirar y de servir. Habremos comprendido que algunas puertas se abren desde dentro y desde fuera, que algunas vendas necesitan manos ajenas y que hay historias cuyo capítulo más luminoso todavía no ha sido escrito.
Porque para Dios nunca es demasiado tarde para volver a empezar.Artículo original: https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/dios-suena-mejor-merced-condena-reducido-pasado/
PARA AMPLIAR O CONTRASTAR:
- Humanizar las prisiones: ¿qué es y por qué humanizar?.
- Humanizar las prisiones desde dentro.
- Humanizar las prisiones desde fuera.
- Humanizar las prisiones por dentro y por fuera.
PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
- ¿Qué ideas destacarías de esta parte del artículo escrito por Don Fernando Redondo Benito?.
- ¿Qué pensamos de esas expresiones que dicen. "Es que tú siempre has sido así", "Nunca vas a cambiar", "Contigo siempre es lo mismo", "No es posible entenderse contigo",...?. ¿Qué significan, a qué conducen?.
- ¿Cómo preparar el regreso de la persona encarcelada a sus ámbitos de origen, antes de que ésta salga de prisión?.
- ¿Cómo romper pre-juicios, desterrar nuestras cárceles mentales en las que encasillamos a las personas,... animar a creer y trabajar en inéditos viables?.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Para Jesús los últimos son los primeros
26 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,28-32)
Evangelio del 27 / Sept / 2026
Lecturas: https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-xxvi-domingo-del-tiempo-ordinario_2026-09-27/?occurrence=2026-09-27&pskip=61670
Jesús conoció una sociedad dividida por barreras de separación y atravesada por complejas discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas «puras» con las que se puede tratar y personas «impuras» a las que hay que evitar; «prójimos» a los que se debe amar y «no prójimos» a los que se puede abandonar; hombres «piadosos» observantes de la ley y «gentes malditas» que ni conocen ni cumplen lo prescrito; personas «sanas» bendecidas por Dios y «enfermos» malditos que no tienen acceso al templo; personas «justas» y hombres y mujeres «pecadores».
La actuación de Jesús en esta sociedad resulta tan sorprendente que todavía hoy nos resistimos a aceptarla. No adopta la postura de los grupos fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores. No sigue la actitud elitista de Qumrán, donde se redactan listas precisas de los que quedan excluidos de la comunidad.
Jesús se acerca precisamente a los más discriminados. Se sienta a comer con publicanos. Se deja besar los pies por una pecadora. Toca con su mano a los leprosos. Busca salvar «lo que está perdido». La gente lo llama «amigo de pecadores». Con insistencia provocativa va repitiendo que «los últimos serán los primeros», y que los publicanos y las prostitutas van por delante de los escribas y sacerdotes en el camino del reino de Dios.
¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos, vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de la sociedad pueden ser ante Dios los primeros? ¿Quién se atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos o los afectados por el sida pueden preceder a no pocos eclesiásticos de vida intachable?.
Sin embargo, aunque ya casi nadie os lo diga, vosotros, los indeseables y anatematizados, tenéis que saber que el Dios revelado en Jesucristo sigue siendo realmente vuestro amigo. Vosotros podéis «entender» y acoger el perdón de Dios mejor que muchos cristianos que no sienten necesidad de arrepentirse de nada.
Cuando nosotros os evitamos, Dios se os acerca. Cuando nosotros os humillamos, él os defiende. Cuando os despreciamos, os acoge. En lo más oscuro de vuestra noche no estáis solos. En lo más profundo de vuestra humillación no estáis abandonados. No hay sitio para vosotros en nuestra sociedad ni en nuestro corazón. Por eso precisamente tenéis un lugar privilegiado en el corazón de Dios.José Antonio Pagola
https://www.gruposdejesus.com/26-tiempo-ordinario-a-mateo-2128-32-3/
miércoles, 23 de septiembre de 2026
martes, 22 de septiembre de 2026
“Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (III)
(Continuación de: “Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (II)).
Los papas y la cárcel.
La historia de los pontífices contemporáneos ha conservado esa intuición. San Juan XXIII entró en Regina Coeli en 1958 y dejó una imagen que atravesaría los siguientes pontificados. San Pablo VI volvería después para recordar a los internos que veía en ellos un corazón humano. San Juan Pablo II insistiría en que la pena no puede degenerar en venganza institucional y que debe conservar abierta una posibilidad de cambio. Benedicto XVI, en Rebibbia, habló de dignidad y renovación. Francisco convirtió la prisión en uno de los lugares donde su ministerio adquirió una expresividad más clara. No fueron gestos equivalentes ni respondieron a contextos idénticos, pero todos participaron de una misma certeza: la Iglesia no puede elaborar su antropología sólo desde lugares cómodos.
León XIV añade ahora una pregunta propia de nuestro tiempo. ‘Magnifica humanitas’ nos obliga a pensar qué ocurre cuando confiamos cada vez más en sistemas capaces de establecer perfiles y anticipar comportamientos. El ámbito penitenciario necesita evaluar riesgos y sería irresponsable negar esa necesidad. Pero evaluar no significa poseer el futuro. Un informe puede advertir, orientar, ayudar a decidir; no conoce todavía la conversación que hará cambiar una conciencia, el hijo que obligará a mirar la vida de otra manera, la responsabilidad que por fin será asumida, el vínculo que sostendrá un proceso o la gracia que alcanzará un lugar hasta entonces cerrado.
Por eso la afirmación de León XIV tiene tanta fuerza: el futuro de una persona no es calculable. No porque debamos abandonar la prudencia, sino porque la libertad humana conserva una capacidad real de novedad. Hay hombres y mujeres que sorprenden para bien, y quien entra con alguna frecuencia en una prisión termina aprendiendo que esa sorpresa no es un accidente marginal. Ocurre cuando alguien empieza a estudiar, cuando recupera una relación, cuando aprende a cuidar de otro, cuando logra reconocer un daño, cuando descubre una disciplina, una fe o una forma de servir que jamás había considerado propia.
La Merced de nuestro tiempo.
La Iglesia tendría que custodiar con especial cuidado ese espacio de posibilidad. No proclamando una ingenua confianza universal en cualquier proceso, sino negándose a confundir la prudencia con el fatalismo. Hay una diferencia enorme entre reconocer que no sabemos cómo terminará una historia y decidir anticipadamente que ya sabemos que terminará mal.
La Virgen de la Merced llega precisamente a ese punto. Su fiesta no debería ser un paréntesis devocional dentro de la rutina de los centros penitenciarios, sino una pregunta dirigida a toda la Iglesia. La tradición mercedaria nació frente a una realidad concreta de cautiverio. Nuestro mundo es otro y sería históricamente torpe establecer equivalencias fáciles, pero la intuición permanece: la caridad se hace especialmente verdadera cuando se acerca allí donde la libertad está herida.
La Merced de nuestro tiempo necesita entrar y necesita salir. Entrar en los centros, escuchar a los presos y presas, acompañar procesos, sostener la fe, reconocer el trabajo de quienes sirven profesionalmente allí. Y salir después hacia las comunidades, las parroquias, las empresas, las asociaciones, las familias, porque no existe reinserción verdadera si todo el esfuerzo queda encerrado dentro de la prisión.
El papa León XIV en la prisión de Brians 1.
Aquí vuelve la justicia restaurativa con toda su fuerza. Restaurar no significa regresar al instante anterior al delito, porque ese instante ha desaparecido. Significa trabajar con lo que quedó roto. En ocasiones habrá caminos directos de reparación; en otras, la responsabilidad tomará formas distintas. Puede ser sostener un tratamiento, cuidar mejor de los hijos, aprender un oficio, trabajar honradamente, abandonar una violencia, servir a otros o convertir la propia experiencia en advertencia para quien todavía puede evitar el mismo camino. Reparar significa negarse a que el daño pasado continúe produciendo indefinidamente daño futuro.
Esta puede ser una de las grandes aportaciones de la Merced de 2026: superar la pobreza de una alternativa entre castigo y olvido. Hay algo mucho más serio en juego: justicia, responsabilidad, reparación, reconciliación y reinserción. La sociedad no demuestra su calidad moral únicamente cuando responde con firmeza al delito. También la demuestra cuando sabe qué hacer con quien ha cumplido una pena y quiere comenzar de nuevo.
El Evangelio ofrece todavía una última escena para cerrar este recorrido. Pedro ha negado a Jesús y no una vez, sino tres. Después de la Resurrección, Cristo no actúa como si aquella noche no hubiera ocurrido, pero tampoco convierte la caída en la única identidad posible del discípulo. Junto al lago le pregunta por el amor y le entrega de nuevo una responsabilidad: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21,17). El pasado permanece, pero deja de poseer la totalidad de la escena. Pedro no recibe una biografía limpia. Recibe misión después del fracaso.
(CONTINUARÁ).
Artículo original: https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/dios-suena-mejor-merced-condena-reducido-pasado/
PARA AMPLIAR:
- Los Papas y la cárcel.
- Humanizar las prisiones desde el Evangelio.
- Humanizar las prisiones: gestos del Papa Francisco.
PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
- ¿Qué ideas destacarías de esta parte del artículo escrito por Don Fernando Redondo Benito?.
- ¿Qué significa "confiar en las posibilidades y potencialidades de la persona encarcelada"?, ¿en qué se traduce o se debe traducir esta confianza?.
- ¿Por qué el Evangelio nos insta a "no juzgar", a confiar aún cuando la realidad aparente rota, estéril?, ¿qué actitudes necesitamos mantener siempre?.
- ¿Cómo ayudar a la persona encarcelada a confiar en sí misma?, ¿cómo motivarles a poner en juego todas sus potencialidades y lanzarse a por las metas que se propongan?.









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