domingo, 14 de junio de 2026

Discurso del Papa León XIV en la Plaza del Cristo de La Laguna

Queridos hermanos y hermanas:

Es un gusto para mi compartir este momento con ustedes aquí, en San Cristóbal de La Laguna, sede de esta diócesis. Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta. 

Quizá este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra. A veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras.

El braille y demás formas de escritura táctil nos recuerdan que la palabra puede abrirse camino también por medio del contacto. Del mismo modo, la integración exige aprender a leer de otra manera. Hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia. De ahí que el Evangelio nos eduque en una lectura más honda de la realidad: la que nace de la cercanía, de la paciencia y de unas manos capaces de socorrer, acompañar, orientar, enseñar y abrir caminos. 

En las obras de integración de estos hermanos nuestros —como en toda obra de caridad— la Iglesia aprende a leer en la vida concreta de quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu un signo vivo que remite a los santos Evangelios y que se vuelve legible a través del tacto y de la cercanía, cuando palpamos las heridas de los demás. Como Tomás ante el cuerpo glorioso del Resucitado, también la Iglesia aprende que las heridas, miradas desde la fe, pueden convertirse en lugar de reconocimiento: allí donde el dolor humano es tocado con amor, Cristo nos confirma que está presente en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el preso y en el forastero (cf. Mt 25,35-40). De esa fe que reconoce a Cristo vivo nace también el servicio del Padre Darwin y de tantas personas. La caridad cristiana brota del amor de Dios derramado en el corazón del creyente; por eso, ante el necesitado, la fe se hace concreta y el amor a Cristo se transforma en gestos.

Desde esta convicción, nuestra presencia quiere testimoniar que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y supera toda concesión secundaria o simple obra de filantropía. Está llamada a comprometerse y a tomar forma de proceso. La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro.

Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro. A ustedes, queridos hermanos migrantes, les corresponde una parte noble y necesaria de este camino: abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones.

Toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre también que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás. Así, quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. Ésta es una forma preciosa de misericordia.

Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar. Después de viajes difíciles y, en ocasiones, de varios intentos —como en el caso de Khalid—, buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado —como nos expresaba Mbacke—. Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas. En este sentido, deseo agradecer las palabras de Mons. Santiago y, con ellas, el testimonio de una Iglesia que, aun con medios pobres, quiere “caminar con los que caminan”.

Gracias a Cáritas diocesana, a la Delegación diocesana de Migraciones, a las parroquias y a tantas realidades eclesiales y civiles que van más allá del primer auxilio y acompañan procesos de protección, promoción e integración. Gracias por hacer posible que quien un día fue acompañado pueda convertirse —como nos recordaba Thalia— en puente para otros, devolviendo el amor recibido. Cuando quien necesitó una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida. Al mismo tiempo, no podemos olvidar a tantos migrantes que, provenientes de Latinoamérica, de Filipinas y de otras latitudes, forman ya parte viva de la comunidad y, con su fe, su trabajo y sus dones, ayudan a renovarla. Déjense también evangelizar por ellos, pues seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a ustedes a través de quienes se integran. Ellos recuerdan que integrar es abrir espacio para que una persona pueda sentirse corresponsable. Así, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy.

A los católicos quiero pedirles algo más: que la integración no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona. Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres.

Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.

Y desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse (cf. Mc 1,15). Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él (cf. Gn 4,10; Ex 3,7-9). El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro (cf. Jr 22,13; St 5,1-6). 

Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina (cf. 2 Co 5,10). Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio (cf. Is 58,6). Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión (cf. Ez 33,11).

Hermanos y hermanas, la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana. La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado. Alcemos la mirada hacia Él, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos. 

La Sagrada Familia de Nazaret, que tuvo que migrar a Egipto para proteger la vida del Niño Jesús (cf. Mt 2,13-15), sigue siendo para todos los tiempos modelo y amparo de toda familia refugiada, de todo migrante y de toda persona que se ve forzada a dejar su tierra por miedo, persecución o necesidad (cf. PÍO XII, Const. ap. Exsul Familia). Que ella sostenga el servicio que ustedes ofrecen y haga de esta tierra un lugar donde todos se reconozcan y se traten como hermanos. Que Dios les bendiga. 

Muchas gracias. 

PARA LEER TODOS LOS DISCURSOS DE LA VISITA DE LEÓN XIV A ESPAÑA: Pinchar AQUÍ.

sábado, 13 de junio de 2026

Gracias, hermano León XIV

Se hacía larga la espera pero no tan amplia e intensa como los deseos de poder VERTE y ESCUCHARTE en esa Plaza del Cristo de La Laguna, a las 10’30 pasadas de la mañana.

Y mientras te esperábamos conversábamos entre nosotros, disfrutábamos de reencuentros entre personas que en la actualidad estamos en diferentes entidades pero alguna vez caminamos de la mano en un mismo espacio,… y aquello que compartimos entonces sigue hoy multiplicado en nuestros corazones.

Vimos y escuchamos relatos del Hermano Pedro Betancur, del Padre Anchieta siempre inspiradores animándonos a mirar a Xto. y lo que entregarse a Él significa. También la experiencia de fe de diversas personas gozosas también de ver realidad… un Papa en Tenerife.

Contemplamos las imágenes en vivo de tu visita al campamento de Las Raíces donde fuiste a encontrarte con muchas personas inmigrantes allí ubicadas, fuiste a escucharles, fuiste a estrechar todas sus manos, abrazar a sus niños… y dejar que ellos te abrazaran a ti.

El himno con que te recibimos, hermano León, no lo cantamos sólo con la boca, lo cantamos desde el corazón, se veía, se notaba, se palpaba intensamente, se vivía. Gracias a quienes lo compusieron y nos enseñaron cómo cantarlo.

Verte entrar y cómo te parabas ante quienes dependían de una silla de ruedas y de los brazos que la conducían, ver cómo hacías caso a las madres que te entregaban a sus hijos de apenas incluso meses,… tu forma de mirarlos y mirarnos a todos llegó al alma.

Cuatro personas que vivieron y siguen viviendo su experiencia de inmigrantes en Tenerife avivaron aún más nuestro espíritu que unido al Espíritu de Dios nos hace clamar Abbá con la clara convicción de que cada tú, cada él o ella,… es nuestro hermano y hermana, venga de donde venga, fuere cual fuere la mochila que lleve consigo.

Y cuando ya te dejamos hablar y proclamar tu discurso… no tuvo desperdicio, de principio a final, nada sobraba, todo era necesario decirse y con la contundencia con que en ciertos momentos empleaste para invitar a la conversión de quienes por unas razones u otras se erigen en flagelo cruel de quienes se atreven a dejar sus tierras, sus familias, su mundo,… con la esperanza de al menos poder sobrevivir.

Se llenó de gozo todo nuestro ser cuando interactuaste verbalmente al comunicarnos la bendición de Dios en una pequeñita oración comunitaria en la que el Padrenuestro no faltó. Y se nos encogía el corazón cuando ya te veíamos salir de aquella tarima emprendiendo la salida para encontrarte con quienes ya te esperaban en el muelle de Santa Cruz.

Por todo esto y tanto como no cabe aquí… GRACIAS, gracias inmensas por venir a compartir tu fe con este pueblo canario y de todas partes… porque en Canarias existen todas las razas, todos los pueblos del mundo.

Nos hubiera gustado tenerte más rato, más espacios para compartir muchísimo más, sin tantas burocracias, sin esas agendas que te han impuesto (estamos seguros de que hubieras querido otra cosa),… pero entendemos que este regalo de tu visita a Tenerife no tiene que ver sólo con el deseo de la Comunidad Cristiana, hay muchos otros factores y algunos… todos importantes… y hay que tenerlos en cuenta también.

Así que nos quedamos “con muchas ganas de más” tanto en cantidad como en profundidad y eso… ya es más cuestión de quienes aquí nos quedamos que del buen ejemplo que tú nos has dado: visitando la prisión, encontrándote con los hermanos migrantes, espacios donde los cristos rotos andan a veces invisibles… pero reales en los pobres, marginados y excluídos, en los descartados,…

Gracias por haber venido, hermano León, MUCHAS GRACIAS.


Santi Catalán
santi257@gmail.com

viernes, 12 de junio de 2026

Política por un mundo de paz

Del 3 al 5 de julio se celebran en Madrid tres días de formación, reflexión y diálogo sobre cómo gestionar los conflictos y construir la paz desde la política, la sociedad civil, la academia y la mediación internacional. https://ciudadaniaglobal.es/cursos/

Contaremos con la participación de:
🔸 Margarita Robles, ministra de Defensa
🔸 Rafael López de Anca, teniente coronel de Infantería de Marina
🔸 María Tíscar Espigares, mediadora internacional (Sant’Egidio)
🔸 Daniel Izuzquiza SJ, teólogo social
🔸 Susana Mangana, experta en geopolítica y Oriente Medio
🔸 Pablo Romero, especialista en ética y liderazgo

📍 Colegio Mayor Jaime del Amo (Madrid)
📅 3–5 de julio de 2026

💰 Matrícula: Solo 10 € (50 % de descuento hasta el 15 de junio).
🏡 Si te alojas con nosotros (68,20 €/noche con pensión completa y acceso a piscina), la Fundación asume el coste de la matrícula.

Una oportunidad para encontrarnos, aprender y debatir sobre uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

👉 Más información e inscripciones: https://ciudadaniaglobal.es/cursos/

jueves, 11 de junio de 2026

Programa liberador

11 Tiempo ordinario – A (Mateo 9,36–10,8)
Evangelio del 14 / Jun / 2026
Lecturas: https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-xi-domingo-del-tiempo-ordinario_2026-06-14/?occurrence=2026-06-14&nskip=61563  

Muchos cristianos piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas leyes morales y unas normas eclesiásticas.

Asimismo, muchas comunidades cristianas piensan estar cumpliendo fielmente su misión porque se afanan en ofrecer servicios de catequesis y educación de la fe, y se esfuerzan por celebrar con dignidad el culto cristiano.

¿Es esto lo único que Jesús quería poner en marcha al enviar a sus discípulos por el mundo?. ¿Es esta la vida que quería infundir en el corazón de la historia?. 

Necesitamos escuchar de nuevo las palabras de Jesús para redescubrir la verdadera misión de los creyentes en medio de esta sociedad. Así recoge el evangelista Mateo su mandato: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis».

Nuestra primera tarea también hoy es proclamar que Dios está cerca de nosotros, empeñado en salvar la felicidad de la humanidad. Pero este anuncio de un Dios salvador no se hace solo a través de discursos y palabras sugestivas. No se asegura solo con catequesis ni clases de religión. Jesús nos recuerda la manera de proclamar a Dios: trabajar gratuitamente por infundir a los hombres nueva vida.

«Curar enfermos», es decir, liberar a las personas de todo lo que les roba vida y hace sufrir. Sanar el alma y el cuerpo de los que se sienten destruidos por el dolor y angustiados por la dureza despiadada de la vida diaria.

«Resucitar muertos», es decir, liberar a las personas de aquello que bloquea sus vidas y mata su esperanza. Despertar de nuevo el amor a la vida, la confianza en Dios, la voluntad de lucha y el deseo de libertad en tantos hombres y mujeres en los que la vida va muriendo poco a poco.

«Limpiar leprosos», es decir, limpiar esta sociedad de tanta mentira, hipocresía y convencionalismo. Ayudar a las gentes a vivir con más verdad, sencillez y honradez.

«Arrojar demonios», es decir, liberar a las personas de tantos ídolos que nos esclavizan, nos poseen y pervierten nuestra convivencia. Allí donde se está liberando a las personas, allí se está anunciando a Dios.

José Antonio Pagola
https://www.gruposdejesus.com/11-tiempo-ordinario-a-mateo-936-108-2/

martes, 9 de junio de 2026

Paz y Migración

  

PAZ Y MIGRACIÓN (Por una cultura de paz)
Rufino García Antón,

ÍNDICE (pulsa en cada ítem en rojo para ir a él):

GUIÓN COMPLETO: https://www.mesaporlahospitalidad.com/rufino-ga-anton-paz-y-migracion/#saludo

domingo, 7 de junio de 2026

Se acelera la cuenta atrás para los masáis del Ngorongoro.

Llevan años aguantando el acoso y derribo del gobierno de Tanzania, que ha prendido fuego a sus casas y ha intentado expulsarlos de sus tierras para allanar el camino a la caza de elefantes y el turismo de lujo.

sábado, 6 de junio de 2026

Fomación en D.S.I. en una comunidad cristiana

En los primeros meses del año 2024 Don Sigfredo, sacerdote de la Parroquia Cruz del Señor, en Santa Cruz de Tenerife, se dirigió a la Comisión Diocesana de Justicia y Paz Tenerife para solicitar “un minicursillo sobre Doctrina Social de la Iglesia” ya que había recibido esta propuesta por parte de la entidad Manos Unidas al respecto.

Con mucho gusto atendimos la llamada a este servicio y aunque no somos especialistas ni somos tan doctos como para asombrar a nadie con nuestra sabiduría… al menos aquello que sí conocíamos en la teoría y la experiencia que de ello teníamos… sí lo podríamos aportar.

viernes, 5 de junio de 2026

Había una vez...

Érase una vez que se era dos vecinos entre los cuales no había muy buenas migas pues pensaban de maneras casi contrapuestas; cada cual tenía su familia, sus amigos,… algunos amigos eran comunes,…

Cada cual tenía su negocio y también cada cual su mundo de relaciones. Ambos sin embargo eran muy diferentes: “Don Poderoso” tenía grandes propiedades, manejaba mucho dinero y gozaba de fuertes influencias en todas partes debido a su enorme poder financiero; su casa era un auténtico palacio custodiado por un grupo de vigilantes muy bien armados.

jueves, 4 de junio de 2026

El nuevo Domingo

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – A
(Juan 6,51-58)
Evangelio del 7 / Jun / 2026
Lecturas: https://www.ciudadredonda.org/events/evangelio-y-lecturas-del-cuerpo-y-la-sangre-de-cristo-a/?occurrence=2026-06-07&nskip=61556

El domingo ya no es lo que era hace unos años. En poco tiempo ha crecido y se ha convertido en el «fin de semana», que comienza ya el viernes por la tarde y en el que la mayoría puede vivir de manera diferente, escapando de las obligaciones del trabajo, de los horarios impuestos y de la rutina diaria.

martes, 2 de junio de 2026

Africa, el continente más empobrecido de la Tierra

ÁFRICA ES EL CONTINENTE MÁS EMPOBRECIDO Y NECESITADO DEL PLANETA TIERRA.

Estimados lectores y lectoras: desde nuestra condición humana y más cristiana, África debe ser hoy nuestra máxima preocupación, pues en ese Continente están los más pobres de los más empobrecidos de la tierra, en cantidad y en extrema indigencia. Conocer la realidad actual de África es reconocer a Jesucristo en los más pobres de la tierra.