22 Tiempo ordinario – A (
Mateo 16,21-27)
Evangelio del 30 / Ago / 2026
Lecturas: https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-xxii-domingo-del-tiempo-ordinario_2026-08-30/?occurrence=2026-08-30&nskip=61640 Pocos aspectos del mensaje
evangélico han sido tan distorsionados como la llamada de Jesús a «tomar la
cruz». De ahí que no pocos cristianos tengan ideas bastante confusas sobre la
actitud cristiana ante el sufrimiento. Recordemos algunos datos que no hemos de
ignorar, si queremos seguir al Crucificado con mayor fidelidad.
En Jesús no encontramos ese
sufrimiento que hay tantas veces en nosotros, generado por nuestro propio
pecado o nuestra manera desacertada de vivir. Jesús no ha conocido los
sufrimientos que nacen de la envidia, el resentimiento, el vacío interior o el
apego egoísta a las cosas y a las personas. Hay, por tanto, en nuestra vida un
sufrimiento (según los expertos, puede llegar en algunas personas al 90% de lo
que sufren) que hemos de ir eliminando precisamente si queremos seguir a Jesús.
Por otra parte, Jesús no ama
ni busca arbitrariamente el sufrimiento ni para él ni para los demás, como si
el sufrimiento encerrara algo especialmente grato a Dios. Es un error creer que
uno sigue más de cerca a Cristo porque busca sufrir arbitrariamente y sin
necesidad alguna. Lo que agrada a Dios no es el sufrimiento, sino la actitud
con que una persona asume el sufrimiento en seguimiento fiel a Cristo.
Jesús, además, se compromete
con todas sus fuerzas para hacer desaparecer en el mundo el sufrimiento. Toda
su vida ha sido una lucha constante por arrancar al ser humano de ese
padecimiento que se esconde en la enfermedad, el hambre, la injusticia, los
abusos, el pecado o la muerte.
El que quiera seguirle no
podrá ignorar a los que sufren. Al contrario, su primera tarea será quitar
sufrimiento de la vida de los hombres. Como ha dicho un teólogo, «no hay
derecho a ser feliz sin los demás ni contra los demás» (Ignacio Larrañeta).
Por último, cuando Jesús se encuentra
con el sufrimiento provocado por quienes se oponen a su misión, no lo rehúye,
sino que lo asume en actitud de fidelidad total al Padre y de servicio
incondicional a los hombres.Antes que nada, «tomar la
cruz» es seguir fielmente a Jesús y aceptar las consecuencias dolorosas que se
seguirán, sin duda, de este seguimiento. Hay rechazos, padecimientos y daños
que el cristiano ha de asumir siempre. Es el sufrimiento que solo podríamos
hacer desaparecer de nuestra vida, dejando de seguir a Cristo. Ahí está para
cada uno de nosotros la cruz que hemos de llevar siguiendo sus pasos.
José Antonio Pagola https://www.gruposdejesus.com/22-tiempo-ordinario-a-mateo-1621-27-3/