El mundo en que vivimos.
LA REDUCCIÓN DE EMISIONES NO HA COMENZADO.
La realidad se impone, y la ONU ha debido aceptar que se ha esfumado la posibilidad de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales, como lo había establecido el Acuerdo de País en 2015.
Ello significa, en palabras del secretario general de la ONU, “inundaciones mortales, olas de calor brutales, incendios forestales furiosos, vidas perdidas, economías paralizadas, desigualdades cada vez mayores”.
El Acuerdo de París se propuso como como objetivo que las emisiones anuales se redujeran gradualmente, de manera que a finales de este siglo el calentamiento global no superara los 2 grados y, en la medida de lo posible, los 1,5, respecto a los niveles preindustriales (entre 1850 y 1900, cuando comenzaron a utilizarse masivamente el carbón, el petróleo y el gas para generar energía).
Desde aquel Acuerdo, la capacidad global de generar electricidad renovable ha crecido tres veces más rápido de lo previsto. Pese a ello, las previsiones de los científicos apuntan a un crecimiento del calentamiento de 2,6 grados al finalizar el siglo.
En el pasado verano se han alcanzado en gran parte de Europa los mayores niveles de mortalidad relacionada con el calor. Se produjeron en el Continente 50.391 muertes por calor, de las que 32.619 (el 65%) se debieron a la crisis climática. Es decir, las muertes hubieran sido 32.619 menos de no haber sido por las altísimas temperaturas derivadas del calentamiento global. Así lo indica un estudio del Imperial College y la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.
En el año 2.000 el porcentaje de fallecimientos atribuibles al calor por el cambio climático se situaba en el 40% del total. Actualmente supera el 65%.
En España, las temperaturas extremas provocaron 6.824 muertes entre junio y agosto. 5.227 de ellas (el 77%) fueron achacables a la crisis climática. Es el segundo país con más muertes atribuibles a esa crisis.
El estudio precisa que varios miles de las personas fallecidas tenían menos de 65 años y que no tenían patologías previas, lo que indica que las altas temperaturas no solo afectan a los ancianos, sino también a personas más jóvenes y sanas.
Este verano ha sido otro dramático recordatorio de que el cambio climático es un problema de todos y de la necesidad imperiosa de poner en marcha intervenciones específicas para proteger a quienes son más vulnerables a este calor cada vez más extremo, y de abandonar rápidamente los combustibles fósiles para minimizar lo máximo posible los estragos de la crisis climática.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente dice que es necesaria una reducción rápida y drástica de las emisiones a través de una transición energética que las reduzca un 18% para 2030, 45% para 2035 y 69% para 2040, tomando como referencia los niveles de 2025, pero los compromisos de las élites empresariales y gubernamentales van en otra dirección…
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