viernes, 2 de octubre de 2026

El último viaje de LOS NADIES

Hay algo todavía más doloroso que contar a los muertos: preguntarse qué se hizo —y qué no se hizo— para evitar que murieran. Porque detrás de los 145 fallecidos que la ONG Caminando Fronteras contabilizó durante la crisis de Ceuta, no hay solamente una tragedia humana; hay también una pregunta que sigue abierta: ¿qué se hizo para impedir que aquellas personas acabaran muriendo?. La organización contabilizó 78 cadáveres recuperados en Ceuta y otros 67 en territorio marroquí. Resulta demasiado terrible como para que nadie pueda permitirse mirar hacia otro lado.

Y aquí comienza el verdadero desgarro. Porque una tragedia de esta magnitud no puede terminar en el recuento de cadáveres, en las declaraciones políticas ni en la sucesión de titulares que pronto desaparecen de las pantallas. La pregunta sigue siendo mucho más sencilla y mucho más incómoda: ¿cómo puede ocurrir que 145 personas mueran intentando llegar a una orilla y que, después de la tragedia, sigamos hablando más de políticas, fronteras, controles y responsabilidades que de las vidas que se perdieron?.

Hay que conocer los hechos, confrontar versiones y determinar responsabilidades con pruebas y garantías. Pero otra cosa es utilizar el relato para diluir el impacto de la tragedia, desplazar responsabilidades o hacer que siempre parezcan pertenecer al otro, especialmente a quien tiene menos posibilidades de imponer públicamente su versión. Quien dispone de instituciones, portavoces y medios puede hacer que su interpretación llegue antes y más lejos. Pero ¡Quien ha muerto en el mar no tiene portavoz! Quien ha perdido a un hijo en una frontera no dispone de una rueda de prensa. Y quien vive en la vulnerabilidad difícilmente puede competir por el significado de su propia tragedia.

Hay, además, algo particularmente insufrible después de una tragedia: la batalla por el relato. Cuando todavía no se han secado las lágrimas, comienza el esfuerzo por explicar lo ocurrido de una manera que permita a cada cual situarse a salvo de la responsabilidad. Unos señalan a otros, - por ejemplo, sobre el tratamiento de los menores- unos hablan de fronteras, otros de mafias, otros de decisiones ajenas, otros de circunstancias inevitables. Y mientras las palabras buscan culpables lejos, los muertos permanecen exactamente donde quedaron.

Por eso habría que desconfiar de los relatos demasiado rápidos. Antes de decidir quién tiene la culpa, habría que saber qué ocurrió. Antes de repartir responsabilidades, habría que conocer qué información existía, qué decisiones se tomaron y qué alternativas había. Y antes de convertir una tragedia en argumento político, habría que recordar algo elemental: allí no había argumentos, sino personas. Cuando el relato consigue imponerse sobre los hechos, los muertos pueden quedar sepultados por una avalancha de palabras que habla de ellos sin escucharlos.

Ciento cuarenta y cinco. Dicho así, parece solamente un número. Una cifra que cabe en una línea de periódico y que puede desaparecer al día siguiente bajo otra noticia. Pero una cifra es también una de las formas más eficaces de esconder el rostro humano de una tragedia. Porque 145 no son 145. Son 145 vidas, 145 historias interrumpidas, 145 familias, 145 rostros y voces que alguien amaba y esperaba. Cuando decimos “145 muertos”, corremos el riesgo de olvidar que antes de ser muertos fueron personas. Y que nadie debería morir dos veces: una bajo las aguas o frente a una frontera y otra bajo el peso del olvido.

Quizá por eso me viene a la memoria Eduardo Galeano y su estremecedor texto Los nadies. Galeano escribió sobre aquellos seres humanos condenados a existir en los márgenes de nuestra mirada, los que tienen tan poco espacio en la historia que incluso su dolor parece carecer de importancia. Los llamó “los hijos de nadie, los dueños de nada” y escribió que “no tienen nombre, sino número”. Hay una terrible actualidad en esas palabras cuando pensamos en quienes mueren intentando atravesar una frontera. Primero fueron personas con nombre y apellido; después se convierten en migrantes; más tarde, en cuerpos; finalmente, en una cifra.

Pero no eran nadie. Fueron alguien para alguien. Y esa debería ser una de las preguntas más hondas ante cualquier tragedia: ¿quién pronunciará ahora sus nombres? ¿Quién recordará que detrás de cada cuerpo hubo una historia, una familia, una esperanza? El mar no distingue entre nombres, nacionalidades o documentos. La muerte tampoco. Somos nosotros quienes establecemos esas diferencias y quienes, demasiado a menudo, terminamos acostumbrándonos a ellas.

Lo más inquietante es que la pregunta no debería comenzar después de la muerte, sino antes. Antes de que alguien se lance al agua y quién o qué les empuja. Antes de que alguien se agarre a un flotador. Antes de que una multitud desesperada corra hacia una frontera. ¿Dónde estaban las políticas capaces de impedir que la desesperación llegara hasta ese punto? ¿Dónde estaban la previsión, la protección y los mecanismos capaces de responder ante una situación de semejante magnitud?.

Porque cuando la política llega después de los muertos, llega demasiado tarde para ellos. Puede discutir procedimientos, reforzar fronteras, repartir responsabilidades, anunciar medidas o abrir investigaciones. Todo eso puede ser necesario. Pero ninguna decisión posterior devuelve una vida. Ningún comunicado resucita a un hijo. Ningún debate devuelve a una madre la voz que esperaba escuchar.

Desde la mirada cristiana, esa desigualdad resulta todavía más insoportable. El Evangelio no habla de seres humanos importantes y seres humanos secundarios. El herido del camino no necesita presentar sus papeles para despertar la compasión del samaritano. El samaritano se acerca porque hay un hombre herido. Nada más. Y nada menos. Quizá eso sea lo primero que estamos llamados a recuperar: la capacidad de reconocer que la dignidad de una persona no depende de su pasaporte, su religión, su lugar de nacimiento ni de la frontera que intentaba atravesar.

Por eso necesitamos la memoria. No una memoria convertida en res Bécquer escribió unos versos que parecen atravesar el tiempo y llegar hasta nosotros con una fuerza intacta: “¡Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!” Los vivos podemos cerrar una pantalla, cambiar de canal, olvidar una noticia y continuar con nuestras vidas. Los muertos, en cambio, permanecen. No pueden regresar. No pueden explicar qué sucedió. No pueden pedir justicia. Por eso somos nosotros quienes debemos mantener viva su memoria.

Quizá aquí esté nuestra última responsabilidad: no permitir que, además de morir, sean olvidados. Por eso, humildemente escribo estas letras.  Que la búsqueda de justicia no sea venganza, sino compromiso para que ninguna persona tenga que jugarse la vida para encontrar un lugar donde vivir y para que una tragedia semejante no vuelva a repetirse.

Porque los “nadies” de Galeano nunca fueron nadie. Fueron nuestros semejantes, otros “yo” como nosotros, aunque no conociéramos sus nombres. Ninguna estadística puede responder: ¿qué hacemos los vivos con la memoria de quienes ya no pueden hablar?.

Podemos pasar la página. O podemos detenernos y reconocer que también ellos pertenecen a la familia humana.

Que nadie muera dos veces. Que nadie sea solamente una cifra. Que nadie vuelva a convertirse en uno de esos “nadies” de los que hablaba Galeano.

Y cuando ya no quede nada más que decir, que al menos quede la oración de Bécquer, atravesando los siglos como una campana en medio del silencio: «¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!»

Autor: José Luis Pinilla J.S.

jueves, 1 de octubre de 2026

El peligro de ahogar la voz de los profetas

27 Tiempo ordinario – A
(Mateo 21,33-43)
Evangelio del 4 / Oct / 2026
Lecturas: https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-xxvii-domingo-del-tiempo-ordinario_2026-10-04/?occurrence=2026-10-04&nskip=61675

Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.

Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.

Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel?. ¿Puede defraudar las expectativas de Dios?. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?.

El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.

Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

José Antonio Pagola
https://www.gruposdejesus.com/27-tiempo-ordinario-a-mateo-2133-43-3/

lunes, 28 de septiembre de 2026

"Desarme nuclear y caminos hacia una paz desarmada y desarmante"

Conferencia de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz

Taller Internacional y Asamblea General 2026
"Desarme nuclear y caminos hacia una paz desarmada y desarmante"

Del viernes 18 al lunes 21 de septiembre de 2026, Glasgow

La Conferencia de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz (Justicia y Paz Europa) concluyó su Taller Internacional y Asamblea General, que tuvo lugar del 18 al 21 de septiembre de 2026 en Glasgow. Acogida por Justicia y Paz Escocia, la reunión se centró en el tema «Desarme nuclear y vías hacia una paz desarmada y desarmante».

El Taller Internacional reunió a cuarenta delegados de las Comisiones nacionales de Justicia y Paz de toda Europa. El programa incluyó intercambios con expertos en armas nucleares y desarme, y ofreció análisis pertinentes desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia. En cinco talleres, los participantes estudiaron cuestiones de seguridad humana y alternativas a la disuasión nuclear, las consecuencias humanas y medioambientales de las armas nucleares, las dimensiones económicas del desarme, la historia de la acción política a favor del desarme nuclear y las habilidades de diálogo para la paz. En la base naval de Clyde (Faslane), los delegados participaron en un testimonio por la paz y realizaron una acción simbólica preparada en colaboración con el Movimiento Laudato Si' en el contexto del actual Tiempo de la Creación.

Las reflexiones del Taller Internacional se inspiraron en particular en el llamamiento del Papa León XIV a «una paz desarmada y desarmente», como expresó en su reciente encíclica Magnifica Humanitas. Los delegados aprobaron una Declaración Final en la que se pide una atención renovada a la necesidad de buscar vías hacia el desarme nuclear multilateral y una paz justa, especialmente en el contexto geopolítico actual.

La Asamblea General ofreció la oportunidad a las Comisiones nacionales de Justicia y Paz de compartir experiencias e ideas sobre su trabajo por la justicia, la paz, los derechos humanos y el cuidado de la Creación. El delegado ucraniano informó a los participantes sobre los últimos acontecimientos en su país devastado por la guerra. La Asamblea también dio la bienvenida a invitados especiales, entre ellos representantes de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), Cáritas Europa, el Centro Social Jesuita Europeo y los Dominicos por la Justicia y la Paz. Los participantes escucharon un mensaje de saludo y aliento de la Hna. Alessandra Smerilli, nueva prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. La Asamblea General también acordó un nuevo plan de cuatro años para Justicia y Paz Europa, en el que se establecen las prioridades de la red para el próximo mandato.

Reelección de los copresidentes y nuevos miembros del Comité Ejecutivo.

La Asamblea General reeligió al arzobispo Antoine Hérouard, de Francia, y a Maria Hammershøy, de Dinamarca, como copresidentes de Justicia y Paz Europa para un segundo mandato de tres años. El diácono Gary Carville, de Irlanda, y el prof. P. Vladimir Dugalić, de Croacia, fueron elegidos nuevos miembros del Comité Ejecutivo, mientras que la Asamblea agradeció a Gertrud Casel, en representación de la Comisión de Justicia y Paz de Luxemburgo, sus largos años de dedicada labor. Justicia y Paz Europa expresa su gratitud a Justicia y Paz Escocia, a su presidente, el arzobispo William Nolan, y a sus miembros por acoger la reunión y por la cálida acogida brindada a la red europea.

DECLARACIÓN FINAL.

La seguridad no se fundamenta en la amenaza de destrucción, sino en la justicia, la dignidad humana y el bien común.

Como delegados de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz, nos reunimos en Glasgow (Escocia) del 18 al 21 de septiembre para aprender, reflexionar y actuar sobre la urgente necesidad de avanzar en el desarme nuclear. Nos encontramos en un momento de gran tensión global en el que muchos Estados con armamento nuclear están participando directamente, o lo han hecho recientemente, en conflictos militares contra naciones tanto nucleares como no nucleares. Inspirados por las palabras del Papa León XIV en su primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, instándonos a trabajar por una "paz desarmada y desarmante", nuestro encuentro puso un énfasis profundo en superar los debates abstractos para plantear la pregunta crucial: ¿cómo logramos el desarme de forma práctica?.

Desde la década de 1960, Escocia ha albergado los submarinos con armamento nuclear del Reino Unido en HMNB Clyde (Faslane), en el río Clyde. En consecuencia, desde los años 80, tanto Justicia y Paz de Escocia como la Conferencia de Obispos de Escocia, junto con un movimiento por la paz más amplio en todo el país, han abogado continuamente por una paz y seguridad auténticas, rechazando la falsa seguridad basada en el ejercicio del poder y la amenaza de la «destrucción mutua asegurada» (MAD). Durante nuestra estancia en Glasgow, nos reunimos con miembros de este consolidado movimiento escocés por la paz. Aprendimos de su firme compromiso con el desarme a través del diálogo y la diplomacia, visibilizando los catastróficos impactos humanos y medioambientales de una detonación nuclear, promoviendo una transición justa para los trabajadores del sector de la defensa y educando a la sociedad para la paz, la no violencia y la reestructuración del concepto de seguridad centrado en el Estado.

Para fundamentar nuestras reflexiones intelectuales y teológicas en el contexto del mundo real, visitamos Faslane para participar en una vigilia de testimonio cristiano por el desarme y la paz. Ante las puertas tras las cuales se albergan estas armas de destrucción masiva, oramos, escuchamos las Escrituras y reflexionamos sobre la verdad fundamental de que la seguridad auténtica no puede construirse sobre la adicción a las armas y el aumento del gasto nuclear, sino que debe arraigarse en la dignidad humana, el respeto al prójimo y la promoción del bien común.

La Doctrina Social de la Iglesia ha mantenido durante décadas una postura firme respecto a las armas nucleares. Desde Pacem in Terris (1963), que declara que "las armas nucleares deben ser prohibidas" (112), hasta Magnifica Humanitas (2026), la Iglesia ha desafiado constantemente el discurso político contemporáneo que domina las políticas internacionales de defensa. Magnifica Humanitas identifica específicamente la "creencia extendida pero errónea de que la disuasión nuclear es un requisito indispensable para la seguridad" (194). Por lo tanto, como cristianos comprometidos en hacer realidad los marcos morales de la Doctrina Social de la Iglesia, reconocemos que las armas nucleares nunca pueden considerarse "armas justas", y que su producción, posesión, uso, así como la amenaza de su uso, siguen siendo moralmente deplorables.

Sin embargo, una voz verdaderamente profética también debe ser relacional y realista. No predicamos desde una torre de marfil, ajenos a los miedos reales y a las amenazas a la seguridad que afronta la población mientras la guerra domina los asuntos europeos e internacionales. La situación provocada por la agresión rusa a Ucrania sirve como un duro recordatorio de las complejidades que rodean a la disuasión nuclear y a la vulnerabilidad de los Estados, planteando preguntas difíciles sobre seguridad y defensa. Reconocemos que las realidades geopolíticas de nuestras respectivas naciones varían enormemente; desde las amenazas históricas y presentes en Europa Central y Oriental hasta las perspectivas de los países neutrales. 

A pesar de estas diferencias, compartimos un compromiso unificado: no debemos acostumbrarnos a la existencia de armas nucleares, ni aceptar el relato dominante de que para garantizar la paz debemos prepararnos para la guerra. Lo rechazamos categóricamente y, en su lugar, respaldamos las palabras del Papa Pablo VI de que si quieres la paz, debes trabajar por la justicia, y asumimos el llamamiento de nuestro actual Santo Padre a trabajar por una paz desarmada y desarmante. La seguridad auténtica no se encuentra en la inseguridad armada, sino en la seguridad humana: invirtiendo en las personas, las instituciones democráticas y la justicia social. Además, nuestra evaluación moral debe ampliarse para reconocer que la amenaza de destrucción masiva está evolucionando. Debemos abordar con urgencia la integración de la Inteligencia Artificial en los sistemas de mando nuclear, haciéndonos eco de la Declaración de Roma de la Asamblea Mundial de Premios Nobel sobre IA y Guerra Nuclear, así como los rápidos avances científicos que aumentan el riesgo de las armas biológicas.

Para alcanzar nuestro objetivo común de superar la disuasión nuclear y construir una paz auténtica basada en la justicia, nos comprometemos a llevar a cabo las siguientes acciones concretas y hacemos un llamamiento a las mismas:

  • Fortalecer los marcos de desarme: Urgimos a los líderes políticos a reforzar el derecho internacional y el multilateralismo, y a cumplir los compromisos de desarme existentes. Esto requiere un apoyo inquebrantable al Tratado de No Proliferación (TNP), al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE) y al desarrollo de un Tratado de Prohibición de la Producción de Material Fisionable (FMCT). Pedimos a las naciones europeas que firmen y ratifiquen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) e instamos a los Estados comprometidos con la disuasión nuclear a participar en sus procesos, incluso asistiendo a las reuniones como observadores.
  • Exigir responsabilidades a los gobiernos y a la industria: Las Comisiones de Justicia y Paz deben interactuar continuamente con los representantes electos y pedirles cuentas, desafiando a los gobiernos que incrementan el gasto en defensa a expensas de la justicia social y económica. También debemos combatir los intereses económicos arraigados en la industria de las armas nucleares y el armamento en general, y defender transiciones justas para los trabajadores afectados.
  • Movilizar a la sociedad civil para el desarme nuclear multilateral: Animamos a los cristianos y a todas las personas de buena voluntad a asumir la causa de la no violencia y el desarme nuclear mediante acciones pacíficas. Esto puede incluir: oración, reflexión, incidencia pública y testimonio en espacios públicos, por ejemplo en los lugares donde se albergan armas nucleares.
  • Invertir en Educación para la Paz: Debemos priorizar la Educación para la Paz y la Educación para la Ciudadanía Global para cambiar mentalidades en Europa y en todo el mundo, cuestionando la normalización de las armas nucleares y redefiniendo la "seguridad", alejándola de la militarización y orientándola hacia la seguridad humana; es decir, la protección y el desarrollo de las personas, la democracia, las comunidades y los recursos. Reconocemos que para lograrlo también debemos combatir la desinformación, tanto en la política y los medios de comunicación como en nuestras propias iglesias.
  • Fomentar el diálogo y alternativas creíbles: Nos comprometemos a crear y mantener espacios de diálogo dentro de la Iglesia y la sociedad civil; debemos garantizar que los temores e inquietudes de seguridad genuinos sean escuchados, al tiempo que desarrollamos y promovemos alternativas creíbles a la disuasión nuclear.

Nos vamos de Glasgow reafirmados en nuestra convicción de que el desarme nuclear multilateral es tanto un imperativo moral como un reto político práctico. Nos comprometemos a ser una voz profética y persistente en favor de una paz auténtica y justa en la que la seguridad no se fundamente en la amenaza de destrucción, sino en la justicia, la dignidad humana y el bien común.

Texto original: https://www.juspax-es.org/l/asamblea-general-de-justicia-y-paz-europa/  

sábado, 26 de septiembre de 2026

Incluso uno solo de estos pequeños

112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.

Domingo, 27 de septiembre de 2026

Querida familia diocesana:

El lema de la Jornada del Migrante y del Refugiado de este año está inspirado en las palabras de Jesús cuando, para responder a la pregunta de quién es el mayor en el reino de los cielos, pone a un niño en medio de los discípulos invitando a su acogida: «el que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5); y, previniéndoles de un posible rechazo, les advierte: «cuidado con despreciar a uno de estos pequeños» (Mt 18,10).

viernes, 25 de septiembre de 2026

“Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (y IV)

(Continuación de: “Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (III)).

Preparar para la vuelta a la sociedad.

Quizá sea ésta una de las afirmaciones más radicales del cristianismo sobre el ser humano. Una persona puede tener futuro sin necesitar un pasado falso. Puede recordar lo que hizo, asumirlo, reparar cuanto sea posible y, aun así, recibir de nuevo una tarea. La gracia no elimina la memoria; evita que la memoria se convierta en prisión.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Para Jesús los últimos son los primeros

26 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,28-32)
Evangelio del 27 / Sept / 2026
Lecturas: https://www.ciudadredonda.org/events/lecturas-del-xxvi-domingo-del-tiempo-ordinario_2026-09-27/?occurrence=2026-09-27&pskip=61670

Jesús conoció una sociedad dividida por barreras de separación y atravesada por complejas discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas «puras» con las que se puede tratar y personas «impuras» a las que hay que evitar; «prójimos» a los que se debe amar y «no prójimos» a los que se puede abandonar; hombres «piadosos» observantes de la ley y «gentes malditas» que ni conocen ni cumplen lo prescrito; personas «sanas» bendecidas por Dios y «enfermos» malditos que no tienen acceso al templo; personas «justas» y hombres y mujeres «pecadores».

La actuación de Jesús en esta sociedad resulta tan sorprendente que todavía hoy nos resistimos a aceptarla. No adopta la postura de los grupos fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores. No sigue la actitud elitista de Qumrán, donde se redactan listas precisas de los que quedan excluidos de la comunidad.

Jesús se acerca precisamente a los más discriminados. Se sienta a comer con publicanos. Se deja besar los pies por una pecadora. Toca con su mano a los leprosos. Busca salvar «lo que está perdido». La gente lo llama «amigo de pecadores». Con insistencia provocativa va repitiendo que «los últimos serán los primeros», y que los publicanos y las prostitutas van por delante de los escribas y sacerdotes en el camino del reino de Dios.

¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos, vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de la sociedad pueden ser ante Dios los primeros? ¿Quién se atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos o los afectados por el sida pueden preceder a no pocos eclesiásticos de vida intachable?.

Sin embargo, aunque ya casi nadie os lo diga, vosotros, los indeseables y anatematizados, tenéis que saber que el Dios revelado en Jesucristo sigue siendo realmente vuestro amigo. Vosotros podéis «entender» y acoger el perdón de Dios mejor que muchos cristianos que no sienten necesidad de arrepentirse de nada.

Cuando nosotros os evitamos, Dios se os acerca. Cuando nosotros os humillamos, él os defiende. Cuando os despreciamos, os acoge. En lo más oscuro de vuestra noche no estáis solos. En lo más profundo de vuestra humillación no estáis abandonados. No hay sitio para vosotros en nuestra sociedad ni en nuestro corazón. Por eso precisamente tenéis un lugar privilegiado en el corazón de Dios.

José Antonio Pagola
https://www.gruposdejesus.com/26-tiempo-ordinario-a-mateo-2128-32-3/

martes, 22 de septiembre de 2026

“Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (III)

(Continuación de: “Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (II)).

Los papas y la cárcel.

La historia de los pontífices contemporáneos ha conservado esa intuición. San Juan XXIII entró en Regina Coeli en 1958 y dejó una imagen que atravesaría los siguientes pontificados. San Pablo VI volvería después para recordar a los internos que veía en ellos un corazón humano.

domingo, 20 de septiembre de 2026

“Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (II)

(Continuación de: “Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (I)).

La pastoral penitenciaria hoy.

Ahí se juega una parte esencial de la Pastoral Penitenciaria. Durante años hemos identificado su imagen con la Iglesia que entra en la prisión. Esa imagen es verdadera, pero resulta insuficiente. La pastoral también tiene que aprender a salir con la persona, porque quizá el momento más delicado no sea siempre aquel en que se cierra la puerta, sino aquel en que vuelve a abrirse.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Campaña a favor del TPAN

Queridas compañeras y compañeros.

El próximo martes 22 de septiembre, la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados debatirá y votará la Proposición no de Ley 161/001673 sobre la adhesión de España al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN).

viernes, 18 de septiembre de 2026

“Dios te sueña mejor”: la Merced ante la condena de quedar reducido al pasado (I)

Fernando Redondo Benito

La puerta de una prisión modifica la mirada antes incluso de que uno haya tenido tiempo de ordenar lo que siente. Basta el ruido metálico de un cierre, la sucesión de controles, la espera, esa conciencia inmediata de que allí el tiempo pesa de otra manera. El 10 de junio de 2026 León XIV cruzó la puerta del Centro Penitenciario Brians 1, en Barcelona. Había transcurrido menos de un mes desde la publicación de ‘Magnifica humanitas’. Una encíclica escrita para interrogar el modo en que comprendemos al ser humano en una época seducida por la capacidad de medirlo, clasificarlo y predecirlo entraba así en uno de los lugares donde una persona corre mayor peligro de quedar explicada únicamente por aquello que hizo.