En
Múnich, Pedro Sánchez se posiciona en contra de la disuasión nuclear y plantea
un “rearme moral” como estrategia de seguridad. El sábado
14 de febrero, Pedro Sánchez dio el siguiente discurso ante la conferencia de
seguridad de Munich:
“Muchas
gracias. Buenos días.
He venido
a Múnich para reunirme con amigos y aliados, para escuchar a expertos y para
mostrar el compromiso de España con el orden multilateral y con la seguridad de
las naciones de Europa del Este.
Los
españoles estamos lejos de Rusia, pero sabemos muy bien que Putin es una
amenaza real, que el mundo se está volviendo más inestable y que los europeos
debemos reforzar nuestras capacidades de defensa para proteger, por supuesto,
nuestra libertad y nuestra forma de vida, pero también para ofrecer garantías de
seguridad a nuestros socios internacionales. Somos también conscientes de que,
desde que me convertí en presidente del Gobierno, España ha triplicado su gasto
en defensa y ha duplicado el número de soldados desplegados en misiones de la
OTAN.
Necesitamos,
por supuesto, garantizar nuestra soberanía, nuestra integridad territorial y
nuestra seguridad. Pero creo firmemente que el rearme nuclear no es la forma
correcta de hacerlo. Y estoy lejos de ser el primero en pensarlo: hace 70 años,
nuestros padres y abuelos llegaron a la conclusión de que la disuasión nuclear
era una forma demasiado costosa y arriesgada de evitar conflictos entre
naciones. Demasiado costosa porque exigía inversiones públicas colosales y
demasiado peligrosa porque, en varias ocasiones, errores técnicos o humanos
estuvieron a punto de desencadenar una guerra nuclear a gran escala entre
Occidente y la antigua Unión Soviética. Una guerra que habría llevado a la
humanidad al borde de la extinción.

Tras unas
décadas, nuestros predecesores se dieron cuenta de que los riesgos que
planteaba la disuasión nuclear superaban con creces sus aportaciones a la paz.
Comprendieron que un sistema que exige cero errores y una corrección constante
para evitar la destrucción total no es una garantía; es una ruleta.El
presidente Ronald Reagan afirmó, y cito, que “una guerra nuclear no se puede
ganar y jamás se debe librar”. Y John F. Kennedy dijo, y cito, “las armas de
guerra deben ser abolidas antes de que nos abolieran a nosotros”. Así que no se
trataba de izquierdas o derechas. Se trataba de hacer lo correcto. Esta toma de
conciencia colectiva condujo a un acuerdo internacional para emprender un
proceso gradual y verificable de desarme nuclear. Se firmaron tratados y los
arsenales nucleares se redujeron drásticamente.
Pero
ahora la marea está cambiando. Las potencias nucleares han olvidado las
lecciones del pasado y están ampliando de nuevo sus arsenales nucleares. En
conjunto, gastan más de 11 millones de dólares cada hora en ellos. Y los
expertos estiman que solo Estados Unidos invertirá 946.000 millones de dólares
en armas nucleares durante la próxima década, una cantidad suficiente para
erradicar la pobreza extrema mundial. En mi opinión, esto es un error, un error
histórico que no podemos volver a cometer, especialmente hoy, cuando la
inteligencia artificial proyecta una sombra de incertidumbre sobre el mundo
entero.
Por eso
me gustaría pedir humildemente a todas estas naciones poderosas: por favor,
detengan el rearme nuclear. Siéntense, negocien y firmen un nuevo tratado START
para garantizar la continuidad del que acaba de expirar. Como país no nuclear
que ha sido testigo de cómo bombas nucleares fueron accidentalmente lanzadas en
su territorio en 1966, les ruego que eviten el inicio de una nueva carrera
armamentística mientras aún sea posible. La humanidad se los agradecerá
eternamente si lo hacen y los juzgará severamente si no lo hacen.
Necesitamos
detener a Putin. Necesitamos reforzar nuestras capacidades de disuasión, pero
hagámoslo de manera coordinada y específica, de una forma que podamos
controlar. Construyamos un verdadero ejército europeo, no dentro de 10 años,
sino ahora. España se sumará con todos los recursos necesarios.Reforcemos
nuestro sistema multilateral, reformando y fortaleciendo aquellas instituciones
que, pese a sus defectos, han logrado mantener la paz en Occidente durante
décadas. Y también invirtamos en los valores de solidaridad, empatía y
cooperación que nos han traído hasta aquí.
Porque el
rearme que más urgentemente necesita el mundo es uno moral.”
Este
discurso es importante y muy oportuno porque expresa un rechazo explícito de la
disuasión nuclear y del rearme nuclear, y que haya hecho esto en la conferencia
de seguridad de Múnich, donde la doctrina de disuasión nuclear es prácticamente
un pilar estructural, tiene mucho peso.
Es un
discurso claro y contundente que aborda directamente el problema nuclear. No se
limita a rechazar la proliferación, sino que cuestiona la lógica del rearme
nuclear y de la disuasión nuclear como estrategia. Introduce una duda ética y
estratégica en un espacio donde la disuasión suele presentarse como
incuestionable y reivindica la diplomacia y el multilateralismo como
alternativas reales a la escalada armamentística.
En otras
palabras, Sánchez no sólo dijo que las armas nucleares son peligrosas; dijo que
la estrategia que las justifica también lo es.La
posición expresada por Sánchez es plenamente coherente con el Tratado sobre la
Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), el primer acuerdo internacional que
no sólo prohíbe el uso de estas armas, sino también su desarrollo, posesión y
amenaza de empleo. El tratado representa un cambio de paradigma: pone en
cuestión la disuasión nuclear como estrategia legítima de seguridad, y la
sustituye por una lógica basada en la prevención del daño humanitario y el
fortalecimiento del derecho internacional.
En este
sentido, resulta especialmente relevante que España, ahora, como país no
nuclear y defensor declarado del multilateralismo, pase de la retórica a la
acción. Alinearse con la mayoría de la comunidad internacional implica rechazar
oficialmente la disuasión nuclear como estrategia de seguridad y apoyar
explícitamente el TPAN. No se trata de una postura idealista, sino de una
decisión coherente con los valores que el propio presidente reivindica:
cooperación, responsabilidad histórica y seguridad colectiva basada en reglas
compartidas.
Si el
rearme nuclear es una ruleta —como afirma Sánchez—, el TPAN ofrece una
alternativa concreta para salir de ese juego peligroso. Convertir esta visión
en una posición de Estado, sostenida en el tiempo y al margen de la política
interna, reforzaría la credibilidad internacional de España y su compromiso
real y duradero con la paz y la seguridad globales.
Llamada a
la acción.Este
debate no debe quedar limitado a foros diplomáticos o conferencias
internacionales. La sociedad civil tiene un papel fundamental para impulsar
este cambio. Por ello, es importante mostrar apoyo ciudadano a la adhesión de
España al TPAN y a la renuncia explícita de la disuasión nuclear como
estrategia de seguridad.
Una forma
concreta de hacerlo es respaldando esta petición pública, que solicita al
presidente del Gobierno que firme el Tratado sobre la Prohibición de las Armas
Nucleares:
👉
https://generation-zero-nukes.movements.mov/pet/que-pedro-sanchez-firme-el-tpan
El
discurso ya está sobre la mesa. Ahora toca convertir las palabras en
compromisos duraderos. Porque, como recordó el propio Sánchez en Múnich, el
rearme que más urgentemente necesita el mundo no es militar ni nuclear, sino
moral.
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Carlos |