(Continuación de: Campaña "Constructores de paz" (IV): La paz se teje con Ecología Integral).
5.3.- La Paz se teje desde la Noviolencia.
La violencia deja heridas profundas en las personas, en las comunidades y en las sociedades. Las guerras, los conflictos sociales, las injusticias históricas y las divisiones políticas generan fracturas que pueden perdurar durante generaciones.
Por eso se afirma que la paz se teje desde la Noviolencia y logra la reconciliación.
Entendemos la noviolencia como el poder del amor en acción resistiendo y desarmando la violencia, promoviendo la dignidad humana, fomentando la reconciliación, la justicia y la paz sin utilizar a su vez ninguna violencia, llegando a una privación total del deseo de violencia, llegando a la resistencia ante la violencia.
La noviolencia no es pasividad ni resignación. Es una forma activa de enfrentar el mal sin reproducir su lógica.
La experiencia histórica muestra que los procesos de transformación social basados en la noviolencia —mediación, resistencia civil, diálogo social o diplomacia ciudadana— pueden generar cambios más duraderos que la violencia.
Cuando comunidades y personas optan por caminos de Noviolencia, se convierten en protagonistas de una paz auténtica.
Hay dos formas de manifestar la noviolencia. La primera consiste en deslegitimar, denunciar y criticar el uso de la violencia, advirtiendo de sus consecuencias, del daño irreversible que puede producir y, muy especialmente, auto excluyéndose de usarla. La segunda trata de buscar y desplegar alternativas a esas formas de violencia, construyendo de manera dinámica y creativa formas de paz positiva.
Es necesaria una paz con justicia y una justicia restaurativa y con perdón; la paz, como fruto de la Noviolencia, nos desarma ante el otro y lo otro y desarma al otro (persona, grupos, países), desmilitariza, y nos introduce en una cultura de respeto, de escucha y de diálogo entre diferentes, respeta lo intercultural, y busca la empatía y la armonía en la convivencia, con relaciones justas entre los seres humanos y de estos con toda la creación
La construcción de la paz, una construcción en proceso, comienza poniéndose del lado de las víctimas, compartiendo su punto de vista. Esta perspectiva es esencial para desarmar los corazones, las miradas, las mentes y denunciar las injusticias de un sistema que mata y se basa en la cultura del descarte.
La Noviolencia tiene cuatro
dimensiones interconectadas: una espiritualidad profunda que “nace del corazón
y se encarna en la historia”; un método de cambio con estrategias y técnicas
que pueden aprenderse; un estilo de vida relacional que “implica poner el
cuerpo”; y una ética universal que “no pertenece a nadie, sino que es
patrimonio de todos”.
Paz y Noviolencia.
Hay demasiada violencia en el mundo, hay demasiada violencia en nuestras sociedades. Ante las guerras, el terrorismo, la trata de seres humanos, la agresividad generalizada, los niños y los jóvenes necesitan experiencias que eduquen en la cultura de la vida, del diálogo, del respeto recíproco. Y ante todo necesitan testimonios de un estilo de vida diferente, no violento.
Por lo tanto, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, cuando quienes han sufrido injusticias y las víctimas de la violencia saben resistir la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos noviolentos de construcción de la paz.
Queremos tener una voz que llegue a nuestras comunidades, a la sociedad civil y a quienes dirigen los pueblos, con el mensaje de: ¡Encontrémonos, dialoguemos, negociemos!. Los conflictos, los desencuentros, las guerras nunca deben ser inevitables porque con ello nadie gana y todo el mundo pierde. Las armas pueden y deben callar, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas; porque las demás personas no son ante todo enemigas, sino seres humanos. "No son seres malos a quienes odiar, sino personas con quienes hablar.”
La noviolencia logra situaciones de paz y de superar los conflictos hasta lograr la reconciliación, lo que no significa olvidar el pasado ni ignorar el sufrimiento. Significa abrir caminos para sanar las heridas, reparar injusticias y reconstruir la confianza entre personas y comunidades.
Este proceso exige:
- reconocer el dolor de las víctimas
- promover la verdad y la justicia
- impulsar procesos de reparación
- fomentar el diálogo y la mediación
- promover la noviolencia activa
(CONTINUARÁ)
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