No he dejado de sorprenderme cada día al leer los comentarios a los distintos partidos de fútbol, a las intervenciones y rendimientos de los distintos futbolistas de las distintas selecciones, especialmente de la española.
Se observa en ellos de todo:
- Los hay que elogian la labor de equipo, la idea de conjunto, unidad, complementariedad entre los miembros de la selección que trabajan unidos por un mismo objetivo: lograr el triunfo o por lo menos intentarlo siendo el que sea su rival y con respeto absoluto hacia el contrario.
- Los hay también que se centran en la procedencia de sus jugadores, sus clubs de origen y cuestionan abiertamente la representatividad reflejada en esta selección llegando incluso a afirmar que “ésta no es la selección española sino una selección barcelonista” (silenciando que, aunque haya más jugadores del Barcelona que de ningún otro equipo español, hay jugadores de otros equipos convocados sobre los cuales existe la misma confianza que en los barcelonistas).
- Los hay, por supuesto, a quienes no les importa nada sino únicamente expresar negativismo respecto a los nuestros no valorando nada de lo que hacen, como si lo que hacen o dejan de hacer no tuviera valor alguno y sí lo que hacen los demás; o al revés: elogian tanto y son tan presuntuosos sus comentarios que dan a entender que nadie está al nivel de nuestra selección.
- Están aquellos comentarios que no cesan de mirar individualidades: censuran lo que tal o cual jugador está haciendo o dejado de hacer; se quejan de que a tal o cual jugador no se le esté reconociendo sus logros personales en cada partido,… y borran totalmente la labor de equipo, la entrega de cada jugador al bien común del conjunto.
- Y están otros que no cesan de comparar esta selección con la que ganó la primera copa mundial de fútbol para España y nos preguntan “cuál es la mejor”, como si ambas selecciones estuvieran en el mismo tiempo, en las mismas circunstancias y contextos,… como si fuera necesario también crear dilema entre aquéllos y éstos.
Quedémonos con quienes elogian al equipo entero y el respeto a sus rivales.
No estamos hablando de una competición entre tenistas o motociclistas; estamos hablando de un equipo donde todos trabajan, desde su posición, en el logro común del conjunto; son como una orquesta en la que diferentes instrumentos suenan en armonía y crean una hermosa melodía, una gran sinfonía.
¿Importa para ello la procedencia de cada cual?; ¿importa si otros lo puedan hacer mejor o peor que los “nuestros”?, o ¿no importará mucho más que los nuestros hagan su juego lo mejor que puedan y sepan?, ¿por qué y para qué estar siempre comparándonos con los demás o andar echándonos piedras sin sentido a nosotros mismos?.
¿Para qué lo que no construye?.
No construye el negativismo haciéndonos creer a nosotros mismos que no valemos, que no vale nada nuestro esfuerzo, pero tampoco ayuda la presuntuosidad. No construye el crear o fomentar división entre nosotros. No construye enfrentar procedencias entre sí.
Y si nada de eso construye… ¿por qué fomentamos esas actitudes?, ¿para qué?, ¿en qué nos ayudan?. ¿A qué o a quién le estamos haciendo el juego?.
El fútbol… como nuestra vida de país.
¿No hemos estado transladando a esta competición lo que vivimos en el ámbito de la política y las relaciones entre nuestros distintos partidos políticos?, ¿nuestros esquemas de vida personal?, ¿nuestros juicios -viciados o no de antemano- asumidos como verdad absoluta sobre nuestra realidad?.
La
selección española buscaba su segunda copa mundial de fútbol y lo consiguió; no importa si no lo hubiera logrado… no
importa tanto, lo que importa es lo que ha hecho para hacer eso posible,
eso es lo más elogiante. Buscaban un bien común y para ello unieron sus habilidades,
sus particularidades y genialidades, había armonía porque por encima de sus
aspiraciones particulares parecían tener claro que estaba la aspiración colectiva.
¿Qué proyecto común podemos construir como país, por encima de nuestras diferencias?, ¿cuáles pueden ser las metas en las que todos podamos coincidir o por lo menos tener en ellas puntos de encuentro?, ¿cómo echar a andar ese proyecto común y cómo hacer para fortalecerlo, hacerlo bien vivo y participativo sin pararnos en las procedencias de nadie ni en otras diferencias sino en aquello que nos une y nos hace ser todos uno?.
Y no será por falta de retos que nos motiven: que se garantice el derecho a la vivienda digna para todos, el acceso al trabajo decente también parea todos, salud pública de calidad en la que las listas de espera se reduzcan de año en año, recuperar y fortalecer una economía basada en nuestros propios recursos materiales y humanos y no dependiente de inversiones extranjeras, eliminar toda corrupción, todo racismo y xenofobia, toda exclusión social,... en resumidas cuentas búsqueda del Bien Común por encima de intereses individualistas egocéntricos.
Es bueno que nos lo preguntemos todos y nos planteemos si podemos transladar esto a las esferas o ámbitos en los que nos encontremos ¿no creen ustedes?.
Santi Catalán
santi257@gmail.com




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