Conferencia
de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz
Taller Internacional y Asamblea General 2026
"Desarme nuclear y caminos hacia una paz desarmada y desarmante"
Del viernes 18 al lunes 21 de septiembre de 2026, Glasgow
La
Conferencia de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz (Justicia y Paz
Europa) concluyó su Taller Internacional y Asamblea General, que tuvo lugar del
18 al 21 de septiembre de 2026 en Glasgow. Acogida por Justicia y Paz Escocia,
la reunión se centró en el tema «Desarme nuclear y vías hacia una paz desarmada
y desarmante».
El Taller
Internacional reunió a cuarenta delegados de las Comisiones nacionales de
Justicia y Paz de toda Europa. El programa incluyó intercambios con expertos en
armas nucleares y desarme, y ofreció análisis pertinentes desde la perspectiva
de la Doctrina Social de la Iglesia. En cinco talleres, los participantes
estudiaron cuestiones de seguridad humana y alternativas a la disuasión
nuclear, las consecuencias humanas y medioambientales de las armas nucleares,
las dimensiones económicas del desarme, la historia de la acción política a
favor del desarme nuclear y las habilidades de diálogo para la paz. En la base
naval de Clyde (Faslane), los delegados participaron en un testimonio por la
paz y realizaron una acción simbólica preparada en colaboración con el
Movimiento Laudato Si' en el contexto del actual Tiempo de la Creación.
Las
reflexiones del Taller Internacional se inspiraron en particular en el
llamamiento del Papa León XIV a «una paz desarmada y desarmente», como expresó
en su reciente encíclica Magnifica Humanitas. Los delegados aprobaron
una Declaración Final en la que se pide una atención renovada a la necesidad de
buscar vías hacia el desarme nuclear multilateral y una paz justa, especialmente
en el contexto geopolítico actual.
La
Asamblea General ofreció la oportunidad a las Comisiones nacionales de Justicia
y Paz de compartir experiencias e ideas sobre su trabajo por la justicia, la
paz, los derechos humanos y el cuidado de la Creación. El delegado ucraniano
informó a los participantes sobre los últimos acontecimientos en su país
devastado por la guerra. La Asamblea también dio la bienvenida a invitados
especiales, entre ellos representantes de la Comisión de las Conferencias
Episcopales de la Unión Europea (COMECE), el Consejo de Conferencias
Episcopales de Europa (CCEE), Cáritas Europa, el Centro Social Jesuita Europeo
y los Dominicos por la Justicia y la Paz. Los participantes escucharon un
mensaje de saludo y aliento de la Hna. Alessandra Smerilli, nueva prefecta del
Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. La Asamblea General
también acordó un nuevo plan de cuatro años para Justicia y Paz Europa, en el
que se establecen las prioridades de la red para el próximo mandato.

Reelección
de los copresidentes y nuevos miembros del Comité Ejecutivo.
La
Asamblea General reeligió al arzobispo Antoine Hérouard, de Francia, y a Maria
Hammershøy, de Dinamarca, como copresidentes de Justicia y Paz Europa para un
segundo mandato de tres años. El diácono Gary Carville, de Irlanda, y el prof.
P. Vladimir Dugalić, de Croacia, fueron elegidos nuevos miembros del Comité
Ejecutivo, mientras que la Asamblea agradeció a Gertrud Casel, en
representación de la Comisión de Justicia y Paz de Luxemburgo, sus largos años
de dedicada labor. Justicia y Paz Europa expresa su gratitud a Justicia y Paz
Escocia, a su presidente, el arzobispo William Nolan, y a sus miembros por
acoger la reunión y por la cálida acogida brindada a la red europea.
DECLARACIÓN
FINAL.
La
seguridad no se fundamenta en la amenaza de destrucción, sino en la justicia,
la dignidad humana y el bien común.
Como
delegados de las Comisiones Europeas de Justicia y Paz, nos reunimos en Glasgow
(Escocia) del 18 al 21 de septiembre para aprender, reflexionar y actuar sobre
la urgente necesidad de avanzar en el desarme nuclear. Nos encontramos en un
momento de gran tensión global en el que muchos Estados con armamento nuclear
están participando directamente, o lo han hecho recientemente, en conflictos
militares contra naciones tanto nucleares como no nucleares. Inspirados por las
palabras del Papa León XIV en su primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, instándonos a
trabajar por una "paz desarmada y desarmante", nuestro encuentro puso
un énfasis profundo en superar los debates abstractos para plantear la pregunta
crucial: ¿cómo logramos el desarme de forma práctica?.
Desde la
década de 1960, Escocia ha albergado los submarinos con armamento nuclear del
Reino Unido en HMNB Clyde (Faslane), en el río Clyde. En consecuencia, desde
los años 80, tanto Justicia y Paz de Escocia como la Conferencia de Obispos de
Escocia, junto con un movimiento por la paz más amplio en todo el país, han
abogado continuamente por una paz y seguridad auténticas, rechazando la falsa
seguridad basada en el ejercicio del poder y la amenaza de la «destrucción
mutua asegurada» (MAD). Durante nuestra estancia en Glasgow, nos reunimos con
miembros de este consolidado movimiento escocés por la paz. Aprendimos de su
firme compromiso con el desarme a través del diálogo y la diplomacia,
visibilizando los catastróficos impactos humanos y medioambientales de una
detonación nuclear, promoviendo una transición justa para los trabajadores del
sector de la defensa y educando a la sociedad para la paz, la no violencia y la
reestructuración del concepto de seguridad centrado en el Estado.
Para
fundamentar nuestras reflexiones intelectuales y teológicas en el contexto del
mundo real, visitamos Faslane para participar en una vigilia de testimonio
cristiano por el desarme y la paz. Ante las puertas tras las cuales se albergan
estas armas de destrucción masiva, oramos, escuchamos las Escrituras y
reflexionamos sobre la verdad fundamental de que la seguridad auténtica no
puede construirse sobre la adicción a las armas y el aumento del gasto nuclear,
sino que debe arraigarse en la dignidad humana, el respeto al prójimo y la
promoción del bien común.
La
Doctrina Social de la Iglesia ha mantenido durante décadas una postura firme
respecto a las armas nucleares. Desde Pacem in Terris (1963), que
declara que "las armas nucleares deben ser prohibidas" (112),
hasta Magnifica Humanitas (2026), la Iglesia ha desafiado constantemente
el discurso político contemporáneo que domina las políticas internacionales de
defensa. Magnifica Humanitas identifica específicamente la "creencia
extendida pero errónea de que la disuasión nuclear es un requisito
indispensable para la seguridad" (194). Por lo tanto, como cristianos
comprometidos en hacer realidad los marcos morales de la Doctrina Social de la
Iglesia, reconocemos que las armas nucleares nunca pueden considerarse
"armas justas", y que su producción, posesión, uso, así como la
amenaza de su uso, siguen siendo moralmente deplorables.

Sin
embargo, una voz verdaderamente profética también debe ser relacional y
realista. No predicamos desde una torre de marfil, ajenos a los miedos reales y
a las amenazas a la seguridad que afronta la población mientras la guerra
domina los asuntos europeos e internacionales. La situación provocada por la
agresión rusa a Ucrania sirve como un duro recordatorio de las complejidades
que rodean a la disuasión nuclear y a la vulnerabilidad de los Estados,
planteando preguntas difíciles sobre seguridad y defensa. Reconocemos que las
realidades geopolíticas de nuestras respectivas naciones varían enormemente;
desde las amenazas históricas y presentes en Europa Central y Oriental hasta
las perspectivas de los países neutrales. A pesar de estas diferencias, compartimos un compromiso unificado: no debemos
acostumbrarnos a la existencia de armas nucleares, ni aceptar el relato
dominante de que para garantizar la paz debemos prepararnos para la guerra. Lo
rechazamos categóricamente y, en su lugar, respaldamos las palabras del Papa
Pablo VI de que si quieres la paz, debes trabajar por la justicia, y asumimos
el llamamiento de nuestro actual Santo Padre a trabajar por una paz desarmada y
desarmante. La seguridad auténtica no se encuentra en la inseguridad armada,
sino en la seguridad humana: invirtiendo en las personas, las instituciones
democráticas y la justicia social. Además, nuestra evaluación moral debe
ampliarse para reconocer que la amenaza de destrucción masiva está
evolucionando. Debemos abordar con urgencia la integración de la Inteligencia
Artificial en los sistemas de mando nuclear, haciéndonos eco de la Declaración
de Roma de la Asamblea Mundial de Premios Nobel sobre IA y Guerra Nuclear, así
como los rápidos avances científicos que aumentan el riesgo de las armas
biológicas.

Para
alcanzar nuestro objetivo común de superar la disuasión nuclear y construir una
paz auténtica basada en la justicia, nos comprometemos a llevar a cabo las
siguientes acciones concretas y hacemos un llamamiento a las mismas:
- Fortalecer los
marcos de desarme: Urgimos a los líderes políticos a reforzar el derecho
internacional y el multilateralismo, y a cumplir los compromisos de
desarme existentes. Esto requiere un apoyo inquebrantable al Tratado de No Proliferación (TNP), al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE) y al desarrollo de un Tratado de Prohibición de la Producción de Material Fisionable (FMCT). Pedimos a las naciones europeas que firmen
y ratifiquen el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN)
e instamos a los Estados comprometidos con la disuasión nuclear a
participar en sus procesos, incluso asistiendo a las reuniones como
observadores.
- Exigir
responsabilidades a los gobiernos y a la industria: Las Comisiones de
Justicia y Paz deben interactuar continuamente con los representantes
electos y pedirles cuentas, desafiando a los gobiernos que incrementan el
gasto en defensa a expensas de la justicia social y económica. También
debemos combatir los intereses económicos arraigados en la industria de
las armas nucleares y el armamento en general, y defender transiciones
justas para los trabajadores afectados.
- Movilizar a la
sociedad civil para el desarme nuclear multilateral: Animamos a los
cristianos y a todas las personas de buena voluntad a asumir la causa de
la no violencia y el desarme nuclear mediante acciones pacíficas. Esto
puede incluir: oración, reflexión, incidencia pública y testimonio en
espacios públicos, por ejemplo en los lugares donde se albergan armas
nucleares.
- Invertir en
Educación para la Paz: Debemos priorizar la Educación para la Paz y la
Educación para la Ciudadanía Global para cambiar mentalidades en Europa y
en todo el mundo, cuestionando la normalización de las armas nucleares y
redefiniendo la "seguridad", alejándola de la militarización y
orientándola hacia la seguridad humana; es decir, la protección y el desarrollo
de las personas, la democracia, las comunidades y los recursos.
Reconocemos que para lograrlo también debemos combatir la desinformación,
tanto en la política y los medios de comunicación como en nuestras propias
iglesias.
- Fomentar el
diálogo y alternativas creíbles: Nos comprometemos a crear y mantener
espacios de diálogo dentro de la Iglesia y la sociedad civil; debemos
garantizar que los temores e inquietudes de seguridad genuinos sean
escuchados, al tiempo que desarrollamos y promovemos alternativas creíbles
a la disuasión nuclear.

Nos vamos
de Glasgow reafirmados en nuestra convicción de que el desarme nuclear
multilateral es tanto un imperativo moral como un reto político práctico. Nos
comprometemos a ser una voz profética y persistente en favor de una paz auténtica
y justa en la que la seguridad no se fundamente en la amenaza de destrucción,
sino en la justicia, la dignidad humana y el bien común.Texto original: https://www.juspax-es.org/l/asamblea-general-de-justicia-y-paz-europa/