La guerra es la muestra
evidente de la nula voluntad de resolver un conflicto de forma positiva para
todas las partes y señala a las claras el verdadero rostro de quien la
promueve, alimenta y ejecuta. Es el estruendo fracaso, es la muestra más clara
de que nunca tuvo intención de entenderse con nadie.
La guerra mata, asesina,
destruye más al inocente que al culpable, aún incluso aunque digan que “los
ataques son selectivos, puntuales y con objetivos muy precisos”. ¿Cabe mayor
cinismo?.
La guerra aniquila la vida
humana en todas sus edades y circunstancias: no respeta a los niños o niñas,
tampoco a los enfermos o lisiados o dependientes de una silla de ruedas. ¿Será
que sus vidas valen menos que las bombas que los matan?.
La guerra deja enferma o estéril la
tierra, contamina los suelos… el suelo del país agredido (no el del país que
produce las máquinas de matar), acaba con la vida de animales y plantas, llena
el aire de gases venenosos que luego respirarán todos, también las vidas
inocentes. ¿Es que también la naturaleza tiene culpa de los odios de quien hace
estallar una guerra?.
La guerra hace desvanecer las
esperanzas, echa por tierra ilusiones, hunde en el desánimo a todos quienes
dedicaron toda su vida a construir un hogar, realizar un trabajo que les diera
el sustento,… destroza escuelas, centros culturales,… y genera serios y severos traumas en quienes las han sufrido tanto como agresores como agredidos. ¿Nada importa para los
señores de la guerra?.
¿A quién le gusta la guerra?.
No me atrevo a decir que “a
nadie” porque observo con demasiada frecuencia que hay voces que la justifican
siempre. La justifican y, por lo tanto, la apoyan implícitamente cuando dicen:
- -“Es que mira lo que estaba
haciendo tal o cual gobierno o tal dirigente”.
-
-“¿Y los otros?, ¿no estaban
haciendo sufrir al pueblo?”.
-
-“A ver si así a esa gente se
les acaba la chulería”.
-
-“…”.
Los hay a quienes la guerra
no les gusta pero la favorecen cuando lo único que quieren es rentabilidad para
los dineros que la ciudadanía deposita en sus cuentas e invierten en la
industria armamentista porque deja buenos dividendos, como en España hacen el
Banco Santander, BBVA, Sabadell, CaixaBank,… (la Banca Armada). No parece que
les importen nada los criterios éticos. No digamos nada de Black Rock y otros bancos norteamericanos y europeos que van incluso más allá.
Les vienen muy bien todas las
guerras a las empresas que fabrican las armas, a los traficantes de armas,
también a otras que tienen ya adjudicados los contratos de “reconstrucción y reordenación” de territorios una vez que se ha destruido todo en una zona
determinada o en un país entero. Son algo así como buitres carroñeros que
necesitan la muerte de las víctimas para poder sobrevivir.
Pero somos más quienes
decimos NO a las guerras.
“No somos
poderosos, no manejamos los grandes capitales, no tenemos el control de los
grandes medios de comunicación social,…”. Eso suelen decir otras personas cuando decimos que “somos más quienes
apostamos por la paz y noviolencia”.
Existen las Finanzas Éticas que
tienen, entre otros criterios éticos, el no invertir en la industria
armamentista (ahí están Fiare Banca Ética, Coop57, Triodos Bank,…).
Hay entidades que trabajan
por la paz y no cesan de aportar información veraz sobre temas relacionados con
la paz (SIPRI, Centre Delàs,…).
Seguro también que conocemos
movimientos y plataformas que insisten una y otra vez en unirnos en las calles
para pedir PAZ para todo el mundo y que se acaben todas las guerras (Pararlaguerra.es
entre ellas quien insiste en “no demonizar a ningún pueblo aunque sus
gobernantes arrastren a esos pueblos a la guerra”; insiste también en cargar
contra toda violencia, la ejecute quien la ejecute y, por lo tanto, no cesa de
impulsar caminos de diálogo, negociación y resolución noviolenta para todos los
conflictos).
Como Iglesia que somos.Hay voces que reclaman de la
Iglesia Cristiana Católica una postura más firme frente a la guerra, más comunicados firmados por todos los obispos, un
pronunciamiento explícito de la Conferencia Episcopal Española que diga NO a la
sinrazón de todas las guerras, de toda violencia como la que estamos presenciando
todos los días.
Si bien es cierto que hubo
una clara postura al respecto sobre la “masacre
del ejército israelita en Gaza” y también el Papa León XIV ha hecho ya varios llamamientos a la paz en Oriente Medio se echa en falta que no se haya producido
ya otro condenando los ataques de EE.UU. e Israel sobre Irán.
Sea como fuere, tanto si la
C.E.E. emite comunicados o no, Iglesia somos también todas las personas
bautizadas, creyentes en Dios, Padre de toda la humanidad y allá donde nos
encontremos en los ámbitos sociales, políticos, culturales, educativo-docentes, familiares, etc…
estamos llamados a ser en primer lugar signos de paz y noviolencia y, en
segundo lugar, a expresar abiertamente nuestras convicciones de acuerdo a los
criterios que el Maestro de Nazaret y la Palabra desde siempre nos comunicaron:
“No matarás” (Mt.5,21-22; Lc.12,57-59); “El que a hierro mata, a hierro muere” (Mt.26,51-52); “Ama a tu enemigo” (Mt.5,43-48; Lc.6,27-36).
Así que... los "comunicados" son importantes pero el compromiso por la paz y noviolencia a diario es mucho más, muchísimo más eficaz y eficiente. Y actuar en coherencia. Es aquí donde nos la jugamos con
estas convicciones y nuestra integridad a través de diversas maneras de vivir la paz y noviolencia; por citar algunas:
- Objeción fiscal, para evitar
colaborar con nuestros impuestos en la escalada belicista,
- Apoyo a los movimientos pacifistas, organizaciones, plataformas,... que digan con claridad NO A LA GUERRA.
- Si queremos tener dinero en
los bancos… que éstos ofrezcan garantías de no invertir en la industria
militar, banca ética, no banca armada.
-
En el ámbito familiar y escolar, educar en valores tales como la empatía, el respeto absoluto a toda persona, la resolución de conflictos mediante el diálogo atento y respetuoso con la persona y la verdad, labores cooperativas,...
- Cabría también repensar el mundo laboral y empresarial potenciando el modelo cooperativista como estructura empresarial.
- Poner en valor la verdad, la honradez, honestidad, la transparencia, la búsqueda del Bien Común,... en el ejercicio de la política, y dejar completamente fuera los "jarabes democráticos", la corrupción y demás actitudes similares que no sólo no hacen bien alguno sino que degradan amplia y profundamente el entendimiento entre los diferentes partidos políticos y demás agentes sociales como los sindicatos, AA.VV., etc.
- …
Santi Catalán
santi257@gmail.com
PARA AMPLIAR LA REFLEXIÓN: