La
teranga es un concepto fundamental de la cultura de Senegal, proveniente de la
lengua wolof, que se traduce como hospitalidad, acogida, generosidad y
amabilidad extrema hacia los demás. Más que una palabra, es una filosofía de
vida que define la identidad senegalesa, enfocada en compartir lo que se tiene,
cuidar al visitante y fomentar la convivencia armoniosa entre personas de
distintos orígenes y creencias.
Hace un
tiempito publicábamos en el blog de Justicia y Paz Tenerife un artículo firmado
por Gara en el que compartía su experiencia en Senegal y la reflexión que le
provocaron aquellos días allí transcurridos. Entre otras cosas hablaba de la “teranga”,
todo un símbolo que recoge el espíritu, la forma de ser del pueblo senegalés (donde
el éxito… si es éxito… es de todos y para todos, pero el fracaso igualmente es
así también para todos. Lo comunitario prima sobremanera sobre lo
individualista.
Una
llamada de atención esencial para todo fiel cristiano.
Dice la
carta del Patriarca de
Jerusalén
al referirse a lo que se observa alrededor de lo sucedido y por suceder en los
espacios que comparten los pueblos israelita y palestino que “es necesario crear una narrativa que abra horizontes, que
construya en lugar de destruir, tanto en el lenguaje que usamos como en las
acciones y gestos que llevaremos a cabo”.
Y se
dice también: “No estamos aquí para hacer
pronunciamientos políticos ni para ofrecer una interpretación estratégica de
los acontecimientos. El mundo ya está lleno de palabras similares, que rara vez
cambian la realidad. Nos interesa, en cambio, una visión espiritual que nos
ayude a permanecer firmes en el Evangelio. Esta guerra, de hecho, interpela
nuestras conciencias y suscita reflexiones, no sólo políticas sino también
espirituales. La violencia desproporcionada a la que hemos asistido hasta ahora
ha devastado no sólo nuestro territorio, sino también el alma de muchas
personas, en Tierra Santa y en el resto del mundo. La ira, el rencor, la
desconfianza, pero también el odio y el desprecio dominan con demasiada
frecuencia nuestros discursos y contaminan nuestros corazones. Las imágenes son
devastadoras, nos conmueven y nos confrontan a lo que San Pablo llamó "el misterio de la iniquidad" (2Tes
2,7), que supera la comprensión de la mente humana. Corremos el riesgo de
acostumbrarnos al sufrimiento, pero no debe ser así. Cada vida perdida, cada
herida infligida, cada hambre soportada sigue siendo un escándalo a los ojos de
Dios. El poder, la fuerza y la
violencia se han convertido en el criterio principal sobre el que se basan los
modelos políticos, culturales, económicos y, tal vez, incluso religiosos de
nuestro tiempo”.

Nuestros
discursos.
Los discursos políticos, los que observamos en internet, en las RR.SS., radios y canales de televisión,
prensa escrita,… también en nuestros ambientes eclesiales,... ¿dónde se
ubican?: ¿cabrían mejor en unas trincheras u otras?... o ¿formarían parte de
una teranga?.
Es casi
imposible acercarse a las redes sociales y no ver mensajes que destilan odio,
rechazo visceral, descalificación, burla y degradación del otro y de todo lo
que al otro le pueda interesar, sólo por pensar diferente a ellos, por no creer
lo mismo que ellos, por no hacer lo mismo que ellos o porque no piensan como
nosotros, no son ateístas o creyentes como nosotros, no hacen como nosotros.
Es para
preguntarnos: ¿A qué o a quiénes le estamos haciendo el juego con estas actitudes?;
¿en algo nos beneficia incluso a los que tiramos peñazos?; ¿qué ideales podrán
ser sostenibles con esta dinámica?, o ¿acaso el ideal es el pensamiento único y
que ese único sea el nuestro y, a ser posible, sólo el mío?; ¿qué sociedad
estamos construyendo así y qué futuro nos espera?.
Podemos
tener infinidad de razones para estar en desacuerdo con el otro y sus
planteamientos pero ¿licita eso nuestras descalificaciones, degradación, acoso
(otros a esto le llamaban “jarabe democrático”… hasta que se lo hicieron a
ellos y luego bien se quejaron de ese jarabe) e intento de destrucción de su
honor, su dignidad humana?; ¿acaso no sabemos distinguir entre la “persona” y
sus “manifestaciones”?.
Las
consecuencias.
A nadie
se le ocurre acercarse a un zarzal para acariciar sus tallos, no nace ese gesto
amable ante sus espinas. De la misma manera, tampoco nace acercarse al que te
mira con odio, te recibe con insultos o burlas, te descalifica y te trata de lo
peor, te tacha de “rojo de…”, “facha de…”, y demás (no me pidan que ponga aquí
la retahíla de cosas que hay a cientos que no hacen sino ocupar espacio
inútilmente y no construyen nada bueno).
Con
esas dinámicas saturadas de VIOLENCIA contra las PERSONAS (personas que somos
mucho más que todas nuestras manifestaciones y apariencias y que tenemos además
la capacidad de cambiar, evolucionar, crecer en todos los sentidos) lo que
hacemos es generar cada vez más sectarización de la sociedad, aislamiento,… y
debilitamiento de nuestro ser comunitario.
Acumulamos
pensamientos y recuerdos negativos que actúan como barreras, muros o fosos
insalvables que imposibilitan el entendimiento: pre-juicios. Estos prejuicios
llevarán a incapacitarnos para ver en los planteamientos de los otros verdades
y aprendizajes que nos perderemos pues en lugar de valorar eso positivo nos
vamos a quedar únicamente en aquello que nos parezca censurable.
Salgamos
de ésta, salgamos.
El
primer paso está en nosotros mismos. Es necesario reconocernos a nosotros
mismos tal cual somos, ser capaces de reconocer nuestros errores, valorar
nuestros aciertos, nuestras dificultades y fortalezas, saber perdonarnos a
nosotros mismos cuando alguna vez dañamos a los otros o a nosotros mismos;
saber reconocer que no somos perfectos, no lo sabemos todo y ni siquiera tenemos
un autoconocimiento del 100% y, finalmente, admitir que somos seres vivos en
constante crecimiento y evolución: no somos los mismos de hace 20 años ni
mañana seremos exactamente igual que lo somos ahora.
El
siguiente paso es consecuencia del primero: Abrir los ojos, nuestros oídos,
nuestra mente al otro y descubrir en el otro a “otro yo”, que siente como yo,
que desea vivir feliz, que querría el bien para todos o al menos para
los más cercanos, al que le duelen los peñazos como a mí, al que
entristece la soledad forzosa,… quien querría un país, un pueblo, una
sociedad mejor… como cualquiera de nosotros, que querría experimentar tolerancia hacia él/ella…
como todos lo deseamos.
¿Y las
diferencias?... Las diferencias forman parte del paquete de las OPORTUNIDADES.
Son oportunidades que nos invitan a dialogar empezando por ESCUCHAR al otro y
entender el porqué piensa como piensa y actúa en consecuencia. y luego
EXPRESARNOS hablando de nosotros mismos no para imponerle nuestras perspectivas
sino para que también el otro al menos pueda comprendernos.
¿Y
después?. Después será más sencillo preguntarnos: ¿Qué nos une?, ¿qué tenemos
en común?, ¿Cómo podemos hacer para construir juntos un proyecto que beneficie
a todos?... y desde eso que nos une idear la forma de crear ese proyecto común.
Tenemos
unos cauces y medios, unos espacios privilegiados para desarrollar nuestra
teranga:
- -La
familia: Es la primera escuela para la convivencia. En ella se establecen las
bases de lo que tiene que ser el diálogo, la escucha, la comunicación, el
respeto, el amor al otro aunque haya mil diferencias.
- -La
escuela: Que debe estar en coordinación con la familia, viviendo y
desarrollando los valores que ya se han sembrado en las relaciones familiares
pero ahora atendiendo a una más amplia diversidad social.
- -Asociaciones
de vecinos: Donde tenemos la oportunidad de encontrarnos todos cuantos formamos
parte de un barrio no sólo para organizar y disfrutar de algún festejo o
actividades lúdico culturales, sino también para abordar las cuestiones que
necesiten solución en nuestra zona; siempre desde los valores señalados:
respeto, tolerancia, diálogo, apertura al otro, no violencia.
- -Partidos
políticos: En los que nos preocupemos más de aportar propuestas de solución a
los problemas que de descalificar a los otros; donde se debata todo lo que sea
necesario pero jamás se descalifique a nadie, menos aún en los parlamentos o
espacios de gobierno municipal, autonómico o nacional.
- -Comunidad cristiana: Entiéndase: comunidades parroquiales, comunidades cristianas de base, movimientos cristianos, congregaciones religiosas,... también las confesiones cristianas no católicas,... viviendo la coherencia con el mensaje del Maestro de Nazaret quien no sólo no excluyó a nadie sino que se hizo especialmente cercano de los últimos, de los alejados; quien no juzgó ni condenó, nos enseñó a AMAR y nos invitó a amarnos unos a otros como Él lo había hecho.
Santi Catalánsanti257@gmail.com