1 de enero de 1995
LA
MUJER, EDUCADORA PARA LA PAZ
1. Al
comienzo de 1995, con la mirada puesta en el nuevo milenio ya cercano, dirijo
una vez más a todos vosotros, hombres y mujeres de buena voluntad, mi llamada
angustiada por la paz en el mundo.
La
violencia que tantas personas y pueblos continúan sufriendo, las guerras que
todavía ensangrientan numerosas partes del mundo, la injusticia que pesa sobre
la vida de continentes enteros no pueden ser toleradas por más tiempo.
Es hora
de pasar de las palabras a los hechos: los ciudadanos y las familias, los
creyentes y las Iglesias, los Estados y los Organismos Internacionales, ¡todos
se sientan llamados a colaborar con renovado empeño en la promoción de la paz!.

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