martes, 1 de enero de 2019

Natividad del Señor


NAVIDAD DE JESÚS AÑO 2018
Autor. Benjamín Forcano

No sé si somos conscientes pero nuestro momento actual de celebrar la Navidad de Jesús, es distinto al del que nos sugieren las lecturas de Aviento.
El profeta Sofonías invita a Israel a gritar lleno de alegría porque va a conocer un día en que el Señor victorioso cambiará su suerte, lo reunirá libre de toda opresión y lo hará famoso en todo el mundo.
El apóstol Pablo escribe desde la cárcel a los cristianos de Filipo invitándoles también a la alegría, a orar agradecidos al Señor que les dará la paz y custodiará su mente mediante el el Mesías.
Lucas (3,10-18) presenta a Juan el Bautista, que recorre la comarca del Jordán , pregona la necesidad de preparar el camino del Señor, de arrepentirse y dar buenos frutos y comunicarles la Buena Noticia de que está por llegar quien los bautizará con el Espíritu Santo.

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
«¿Entonces, qué debemos hacer?»
Él contestaba:
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
«Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros?»
Él les contestó:
«No exijáis más de lo establecido».
Unos soldados igualmente le preguntan:
«Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros?»
Él les contestó:
«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio”.

Estos textos los leían los judíos en su casa y en las sinagogas. Hoy los escuchamos nosotros. Pero, ¿hay alguna diferencia respecto a este mensaje entre el ayer de ellos y el hoy de nosotros?.
Ellos son personas como nosotros. Viven en un pueblo o ciudad como nosotros.Trabajan, luchan, gozan y sufren como nosotros. ¿En qué no son como nosotros?.
Nosotros sabemos que Jesús es el Mesías Salvador porque ha resucitado, ellos no lo supieron mientras vivió.
Que nuestra sociedad está aquejada de males, de tiranías, de abusos, de incoherencias como la sociedad judía, está claro. Que es preciso allanar muchos valles y enderezar muchos caminos, está claro; que hay que arrepentirse y cambiar, está claro.
Pero, ¿en dónde esta la diferencia, de ellos y de nosotros?. Ellos no se convirtieron, no aceptaron estos anuncios de liberación, no creyeron que Jesús era el Mesías salvador, hasta experimentar que había resucitado.
Para ellos, para sus más íntimos amigos y seguidores, para sus familiares incluso, lo enseñado por Jesús con sus curaciones y milagros, su sabiduría y la entereza mostrada
frente a la hipocresía de las autoridades, eran si no engaños promesas fallidas.
Al final, quien valía,valía; y se impuso. El acabó como fracasado total, colgado de una cruz, mostrando la nulidad e impotencia del reino que anunciaba. Y, como un reguero, cundió la decepción y se apoderó de todos la amargura de tan triste final.
Pero, contra todo lo imaginado, las cosas se invirtieron de arriba a abajo, con estremecimiento total, cuando experimentan que Jesús ha resucitado, que está enteramente vivo, que se ha aparecido, que lo han visto y comido incluso con él.
Entonces, la cosa adquiere otro color, suena con otra música, es ya imposible olvidar sus palabras, sus hechos, su mensaje. En ese hombre ha acontecido lo que nunca ha ocurrido con nadie: ha resucitado, demoliendo la muerte como destino último de la humanidad.
Entonces, ¿Cuál es nuestra diferencia con ellos, con los de entonces, cuando por una y otra parte les llega la predicación de que el Mesías está por llegar para traer la salvación?
¿Cuál es la diferencia con los que hoy, en nuestra sociedad global y globalizada, limitan su visión a que un niño, llamado Jesús, nació en un pesebre, creció, trabajó, luchó y se distinguió por un mensaje audaz y renovador, pero que luego perdió y quedó derrotado y dejó de tener para muchos valor e importancia?
¿Cuál es la diferencia con quienes, cristianos o no, piensan que la trama del Jesús nacido en Belén y su mensaje, es una mezcla de fantasía y mitología, una construcción de quienes por intereses han organizado la inmensa obra de la religión cristiana?.

¿La diferencia?.

Muy simple, nosotros no estamos esperando al Mesías, hemos llegado a entender la calidad y suerte de este niño, hemos conocido las exigencias del reino por él anunciado, no vivimos ya entre la duda del vacío y del escepticismo, sino que su RESURRECCIÓN, exclusiva de este Niño, lo convierte en meta, camino y modelo de cuantos caminamos tras sus huellas, siendo seguidores suyos.
Dios, a través del Mesías, ha venido, se ha hecho uno de nosotros– Enmanuel-, se halla presente en cada uno de nosotros, con la responsabilidad de que lo descubramos, lo desarrollemos, lo cuidemos, le demos forma en nuestra vida personal y comunitaria.
¿Qué tenemos que hacer?, le preguntaban unos y otros a Juan Bautista.
Nosotros lo sabemos, nos ha sido enseñado y transmitido, nos llega desde su vida misma, coronada con la resurrección.

El seguimiento de Jesús no tiene sentido sino es porque anunciamos y practicamos un proyecto de convivencia distinto. Sus valores están a la vista:
  1. -Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
  2. -Tened en dicha a los pobres, no a  los ricos.
  3. -Amad no sólo a los que os quieren sino a vuestros enemigos.
  4. -No juzguéis ni condenéis.
  5. -Antes de sacar la mota del ojo ajeno sacad la viga del propio.
  6. -El más pequeño entre vosotros ese es el más grande.
  7. -Amad a Dios con todo el corazón y al prójimo como a vosotros mismos.
  8. -A atended a cualquier prójimo necesitado con misericordia.
  9. -Dichoso quien escucha el mensaje de Dios y lo cumple.
  10. -Tened limpio todo, no sólo lo de fuera.
  11. -No déis importancia a lo más insignificante y olvidéis lo principal que es la justicia y el amor.
  12. -Rehuid el honor y las reverencias.
  13. -No abruméis a los demás con cargas que vosotros no rozáis ni con un dedo. Etc.

Dicho de otra manera:
– Todos vosotros sois hermanos y, si hermanos, iguales; y , si iguales,  merecedores del mismo trato y amor.
– El que aspire a ser el mayor, que sea servidor de todos. Que nadie se tenga en más que nadie; la soberanía de quien me sigue está en servir, no en mandar.    
- Los últimos son los primeros.  Debéis tener como predilectos a los  últimos, a los que no cuentan en la política y en la sociedad. Ellos son los preferidos de Dios y, para El, serán los primeros.
– Hacer un bien a los  más pequeños, es como hacerlo a mí mismo. Los pobres son mis vicarios: los que  me representan y hacen mis veces. Y la sentencia última  de la vida se hará en base a cómo os habéis portado con mis hermanos los más pequeños.

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