2 Pascua – A (Juan 20,19-31)
Evangelio del 19 / Abr / 2020
No les resultaba fácil a los discípulos expresar lo que estaban
viviendo. Se les ve acudir a toda clase de recursos narrativos. El núcleo, sin
embargo, siempre es el mismo: Jesús vive y está de nuevo con ellos. Esto es lo
decisivo. Recuperan a Jesús lleno de vida.
Los discípulos se encuentran con el que los ha llamado y al que han
abandonado. Las mujeres abrazan al que ha defendido su dignidad y las ha
acogido como amigas.
Pedro llora al verlo: ya no sabe si lo quiere más que los demás, solo sabe que lo ama. María de Magdala abre su corazón a quien la ha seducido para siempre. Los pobres, las prostitutas y los indeseables lo sienten de nuevo cerca, como en aquellas inolvidables comidas junto a él.
Pedro llora al verlo: ya no sabe si lo quiere más que los demás, solo sabe que lo ama. María de Magdala abre su corazón a quien la ha seducido para siempre. Los pobres, las prostitutas y los indeseables lo sienten de nuevo cerca, como en aquellas inolvidables comidas junto a él.
Ya no será como en Galilea. Tendrán que aprender a vivir de la fe.
Deberán llenarse de su Espíritu. Tendrán que recordar sus palabras y actualizar
sus gestos. Pero Jesús, el Señor, está con ellos, lleno de vida para siempre.
Todos experimentan lo mismo: una paz honda y una alegría incontenible.
Las fuentes evangélicas, tan sobrias siempre para hablar de sentimientos, lo
subrayan una y otra vez: el Resucitado despierta en ellos alegría y paz. Es tan
central esta experiencia que se puede decir, sin exagerar, que de esta paz y
esta alegría nació la fuerza evangelizadora de los seguidores de Jesús.

¿Hasta cuándo podremos seguir defendiendo nuestras doctrinas de manera
tan monótona y aburrida, si, al mismo tiempo, no experimentamos la alegría de
«vivir en Cristo»?. ¿A quién atraerá nuestra fe si a veces no podemos ya ni
aparentar que vivimos de ella?.
Y, si no vivimos del Resucitado, ¿quién va a llenar nuestro corazón?,
¿dónde se va a alimentar nuestra alegría?. Y, si falta la alegría que brota de
él, ¿quién va a comunicar algo «nuevo y bueno» a quienes dudan?, ¿quién va a
enseñar a creer de manera más viva?, ¿quién va a contagiar esperanza a los que
sufren?.
José Antonio Pagola
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