Cuando publicamos el artículo “Navidad, más que una tregua” no pocos respondieron a través de distintos medios diciendo que “sería maravilloso” que lo expresado en aquel artículo, especialmente de la mitad en adelante, se cumpliera. Y tenían razón, claro que sería maravilloso, pero más de uno expresaba eso como diciendo que “todo eso eran utopías que no entraban dentro del saco de lo posible”.
¿No es posible?.
NO a la BANCA ARMADA.
Las armas se fabrican gracias al dinero y el dinero viene de los bancos y los bancos lo tienen porque somos nosotros, los ciudadanos, quienes lo depositamos en ellos dándoles carta blanca para que lo inviertan en lo que quieran (y entre otras inversiones está la militar que es ahora un gran negocio, gracias a las presiones norteamericanas de aumentar el gasto militar al 5% del PIB).
Nos quejamos de las guerras, de las atrocidades que en ellas se cometen (y eso cuando nos lo muestran y de la forma en que lo hacen, pues ni cuentan toda la verdad ni de la manera con que eso se produce, sólo lo que ellos quieren que veamos y de la forma en que quieren que lo entendamos),… no nos cuentan de los efectos a medio y largo plazo, tampoco sobre los enormes daños “colaterales”, de los millones de víctimas inocentes que apenas ocupan unos segundos en nuestras pantallas,…
¿Qué pasaría si decidiéramos sacar nuestros ahorros, toda la ciudadanía, de todos los bancos que invierten en la industria militar (la Banca Armada) que en España está liderada por el BBVA-Sabadell y Santander, siguiéndoles CaixaBank y Bankinter,… y los lleváramos a entidades bancarias con CRITERIOS ÉTICOS como Fiare Banca Ética, Triodos Bank, Coop 57,… por citar algunos?.
“Los bancos no son ONGs ni entidades caritativas”, me contestó una vez una empleada a la que me quejé por lo abusivas de las comisiones por “servicios” que ofrecen y que te las cobran tanto si las empleas como si no (y cuando les dices que "¿por qué cobran servicios que ni siquiera solicitamos?" te responden que "es su decisión no emplearlos" mas ellos los cobran igualmente; es decir, ellos deciden qué ponen en el paquete pero tú no puedes decidir cuáles quieres aunque, eso sí, los pagas todos, quieras o no quieras). Y tenía razón; su finalidad es hacer negocio para repartir dividendos entre sus accionistas. La ética les importa bien poco o nada.
Por lo tanto… ¿qué pasará si de repente ven que pierden clientes, se descapitalizan y descubren las razones de esa fuga de clientela?. Bobos no son y se pondrán pronto a cambiar de rumbo si no quieren acudir de nuevo a “papá Estado” para un nuevo rescate que, en España, les saldrá gratis casi, (como el de 2008-10 del que no han devuelto casi nada y eso que aquello era dinero público: un robo a cara descubierta que sigue sin tener consecuencias en nuestro país y que muy pocos se atreven a recordar).
Así que ¿de verdad no es posible cambiar esto?,… o ¿será más bien que no queremos que cambie?. 2026 será un año mejor si realmente queremos y la resignación ni el mirar para otro lado nos servirán de nada: nos toca mover ficha.
El Papa León XIV en el LIX Mensaje para la paz, basándose en el último informe del SIPRI, nos dice: “en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial”.
¿Qué se puede esperar de esta escalada armamentista que describe una alarmante curva acelerada que pone como excusa el peligro, el miedo a nuevas guerras o al recrudecimiento de las ya existentes, cuando en realidad son los que más armas fabrican los más interesados en que las guerras no sólo no terminen sino que se prolonguen cuanto más mejor?.
El Papa nos anima a:
- - Decir “¡basta!” a la sinrazón de toda violencia, a todas las guerras.
- - Entablar una amistad indisoluble con la paz, sabiendo que ésta tiene su fundamento en Jesucristo.
- - Acogerla y reconocerla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino.
- - Considerar la paz como un bien cercano, no lejano ni mucho menos imposible.
- - Fomentar el encuentro y la escucha entre unos y otros para resolver los conflictos de manera no violenta. Diálogo humilde.
- - Pensar en las víctimas, especialmente en las más indefensas.
- - Unir todos los esfuerzos para la paz que surgen en todas las religiones y convertirnos todas en impulsoras de la paz aparcando nuestras diferencias y uniéndonos en oración y ecumenismo verdadero.
- - Pedir a nuestros gobernantes un compromiso serio con la paz (y esto no pasa por armarse hasta los dientes sino en algo bien distinto).
- - Motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza.
- - Desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala.
¿Hay algo de todo lo dicho que no podamos hacer?, ¿es acaso imposible?. Y si acaso sí es posible, si acaso podemos hacer algo ¿no será cuestión de ponernos a ello para que el 2026 sea, al menos en algo, mejor que el que concluyó?.
Santi Catalán
santi257@gmail.com




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