sábado, 28 de abril de 2018

Conclusiones de la jornada "Medio rural, una apuesta de vida"


ECOS DESDE LO PEQUEÑO.
Palencia, del 13 al 15 de abril de 2018

La Comisión General de Justicia y Paz cumple 50 años en 2018 y ha comenzado a celebrarlo en Palencia durante sus jornadas anuales, del 13 al 15 de abril. Bajo el lema “Medio rural, una apuesta de vida”, las jornadas han contado con la participación de personas de la provincia, representantes de organizaciones de Iglesia y miembros de las distintas comisiones diocesanas de Justicia y Paz. A todas ellas, agradecemos profundamente su presencia.

El encuentro se inició con la plantación de un granado en el parque Dos Aguas y la colocación de una placa conmemorativa de dicho aniversario con la que la ciudad de Palencia, representada por su alcalde, reconoce la labor realizada por Justicia y Paz en estos años. En ellos “ha puesto siempre en primer lugar a las personas más desfavorecidas en su intento por contribuir a una sociedad más justa y equitativa para conseguir la paz, que es fruto de la justicia”.

Durante las jornadas hemos escuchado a personas expertas y comprometidas con el desarrollo rural. Entablando un debate con ellas hemos podido constatar la gran diversidad del mundo rural que se enfrenta a un empobrecimiento general por la realidad de la despoblación, llegando a ser extrema en los municipios de toda Castilla-León y en amplias zonas del interior y el norte. Este fenómeno ha ido acompañado del desmantelamiento de muchos servicios públicos y pequeños negocios privados que ha generado un efecto en cadena hacia el deterioro de las condiciones de vida en muchos núcleos rurales.

Cuestionamos la visión que asocia la vida rural con atraso y la vida urbana como progreso, oportunidades y modernidad. Vemos cómo en muchos lugares, la vida en las grandes ciudades puede desarrollase en condiciones muy difíciles. Vivimos en un mundo en el que el progreso se identifica con el desarrollo económico, provocando la pérdida de valores tradicionales del medio rural como los vínculos comunitarios de mayor apoyo mutuo, el apego a la tierra y el cuidado del medio natural. “La desaparición de una cultura puede ser tanto más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser dañina como la alteración de los ecosistemas” (LS, 145).

No es posible regresar al mundo rural como en las pasadas décadas ni hacer lo mismo que en la ciudad. El modelo de agroindustria que se va imponiendo, con su alto coste energético, dependencia de insumos externos, mecanización y uso de químicos, supone un impacto negativo para el medio ambiente y dificulta el mantenimiento de la población en el medio rural, que se hace más dependiente y vulnerable. Las políticas públicas, como la  Política Agraria Común de la Unión Europea (PAC), no contribuyen al desarrollo rural ya que el sistema de ayudas beneficia a las personas con grandes propiedades que viven en las ciudades.

A pesar de esto, también hemos podido comprobar, por medio de sus protagonistas, que existen experiencias creativas e innovadoras que permiten poder desarrollar en el medio rural una vida integral, digna, plena y respetuosa con la naturaleza. Desde ellas, hay que destacar la importancia del papel de la mujer en el mundo rural como dinamizadora de la comunidad. Hemos conocido el caso de una cooperativa eficiente que trabaja en red desde principios de la economía social. El ámbito rural ofrece la posibilidad de crear un tejido social rico y diverso, motor de la participación y de la sociedad.

Es posible y es necesario impulsar otras actividades económicas que permitan el desarrollo de estas zonas, vinculadas a la atención a las personas, la cultura, el disfrute de la naturaleza... Vivir en el medio rural puede ser una forma de vida gratificante, que no aísle de las ciudades y en conexión con otras personas creando redes de colaboración y emprendimiento. La red sirve para visibilizar las actividades de economía social y comercio de proximidad que son herramientas para el cambio de modelo económico y cultural, hacia el cuidado de las personas, de su dignidad, y en consonancia con el cuidado de la naturaleza como posibilidad real de una economía social.

Debemos promover las condiciones para que nuestros pueblos sean lugares que inviten a vivir. Es necesario que las políticas públicas garanticen los servicios básicos y de infraestructuras, e incentiven el desarrollo económico con industrias transformadoras de los recursos del entorno de forma sostenible. Por otro lado, las comunidades que viven en el mundo rural merecen una compensación por su labor de custodia y preservación del medio natural.

La Iglesia constituye uno de los vínculos importantes que todavía genera comunidad en el ámbito rural. Por ello, tenemos el convencimiento de que junto a otras instituciones, puede desarrollar un papel protagonista en la revitalización de estas zonas. Valorando propuestas más pragmáticas, como poner tierras y edificios de su propiedad a disposición de proyectos de desarrollo rural de carácter social, más relevante sería la actuación de la comunidad cristiana desde las orientaciones de la Doctrina social de la Iglesia: solidaridad, subsidiariedad, destino universal de los bienes, bien común y centralidad de la persona. La propia atención pastoral se fortalecería sin duda con el apoyo de la comunidad cristiana. Otro aspecto importante sería hacer visibles los proyectos y las sencillas alternativas de vida que ya existen en el medio rural.

La Jornada terminó como había empezado, alrededor del granado, con un aporte de tierra traída por las distintas comisiones desde su ciudad de origen, simbolizando aspectos negativos o positivos del cuidado medioambiental y el trabajo por la justicia y la paz desde las personas más vulnerables y desfavorecidas.

Comisión General de Justicia y Paz
Para descargar el Comunicado original.

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