jueves, 30 de mayo de 2013

Salmo IV


En este momento crucial de nuestra historia
cuando los cuerpos de los pobres son entregados
a la muerte del hambre y del desprecio,
pobres cuerpos enfermos que quedan infra-asistidos
por la brutal represión privatizadora…
Recordamos a Jesús, el hijo de María, el carpintero,
el pobre solidario que se hizo hermano nuestro.

Recordamos que Jesús, habiéndonos probado su amor a lo largo de su vida
al fin, entregándonos su vida, nos dio la prueba mayor.
En este Corpus recordamos su cuerpo destrozado en la tortura
y su sangre derramada en el tormento
recordamos su vida plena tronchada por los amos de este mundo
porque en este mundo de opresión
fue un pobre que se atrevió a vivir
con la libertad de los hijos de Dios
y a sembrarla por el pueblo.

Recordamos que él no quiso vivir su vida como un ser excepcional
por eso al final nos dijo: haced vosotros lo mismo.
Así quiso Jesús que lo recordáramos: no con evocaciones nostálgicas
sino llevando adelante su historia.

Por eso, Padre, en esta hora crucial
en que al renovarse su Espíritu en el pueblo
los opresores multiplican sus argucias y presiones
buscando quebrar no sólo el cuerpo sino la dignidad
te pedimos que nosotros hagamos esto que nos mandó Jesús:
entregar nuestras vidas hasta sufrir el destino de los pobres.

(Pedro Trigo)

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