domingo, 1 de febrero de 2026

¿Trincheras o teranga?

La teranga es un concepto fundamental de la cultura de Senegal, proveniente de la lengua wolof, que se traduce como hospitalidad, acogida, generosidad y amabilidad extrema hacia los demás. Más que una palabra, es una filosofía de vida que define la identidad senegalesa, enfocada en compartir lo que se tiene, cuidar al visitante y fomentar la convivencia armoniosa entre personas de distintos orígenes y creencias.

Hace un tiempito publicábamos en el blog de Justicia y Paz Tenerife un artículo firmado por Gara en el que compartía su experiencia en Senegal y la reflexión que le provocaron aquellos días allí transcurridos. Entre otras cosas hablaba de la “teranga”, todo un símbolo que recoge el espíritu, la forma de ser del pueblo senegalés (donde el éxito… si es éxito… es de todos y para todos, pero el fracaso igualmente es así también para todos. Lo comunitario prima sobremanera sobre lo individualista.

Una llamada de atención esencial para todo fiel cristiano.

Dice la carta del Patriarca de Jerusalén al referirse a lo que se observa alrededor de lo sucedido y por suceder en los espacios que comparten los pueblos israelita y palestino que “es necesario crear una narrativa que abra horizontes, que construya en lugar de destruir, tanto en el lenguaje que usamos como en las acciones y gestos que llevaremos a cabo”.

Y se dice también: “No estamos aquí para hacer pronunciamientos políticos ni para ofrecer una interpretación estratégica de los acontecimientos. El mundo ya está lleno de palabras similares, que rara vez cambian la realidad. Nos interesa, en cambio, una visión espiritual que nos ayude a permanecer firmes en el Evangelio. Esta guerra, de hecho, interpela nuestras conciencias y suscita reflexiones, no sólo políticas sino también espirituales. La violencia desproporcionada a la que hemos asistido hasta ahora ha devastado no sólo nuestro territorio, sino también el alma de muchas personas, en Tierra Santa y en el resto del mundo. La ira, el rencor, la desconfianza, pero también el odio y el desprecio dominan con demasiada frecuencia nuestros discursos y contaminan nuestros corazones. Las imágenes son devastadoras, nos conmueven y nos confrontan a lo que San Pablo llamó "el misterio de la iniquidad" (2Tes 2,7), que supera la comprensión de la mente humana. Corremos el riesgo de acostumbrarnos al sufrimiento, pero no debe ser así. Cada vida perdida, cada herida infligida, cada hambre soportada sigue siendo un escándalo a los ojos de Dios. El poder, la fuerza y la violencia se han convertido en el criterio principal sobre el que se basan los modelos políticos, culturales, económicos y, tal vez, incluso religiosos de nuestro tiempo.

Nuestros discursos.

Los discursos políticos, los que observamos en internet, en las RR.SS., radios y canales de televisión, prensa escrita,… también en nuestros ambientes eclesiales,... ¿dónde se ubican?: ¿cabrían mejor en unas trincheras u otras?... o ¿formarían parte de una teranga?.

Es casi imposible acercarse a las redes sociales y no ver mensajes que destilan odio, rechazo visceral, descalificación, burla y degradación del otro y de todo lo que al otro le pueda interesar, sólo por pensar diferente a ellos, por no creer lo mismo que ellos, por no hacer lo mismo que ellos o porque no piensan como nosotros, no son ateístas o creyentes como nosotros, no hacen como nosotros.

Es para preguntarnos: ¿A qué o a quiénes le estamos haciendo el juego con estas actitudes?; ¿en algo nos beneficia incluso a los que tiramos peñazos?; ¿qué ideales podrán ser sostenibles con esta dinámica?, o ¿acaso el ideal es el pensamiento único y que ese único sea el nuestro y, a ser posible, sólo el mío?; ¿qué sociedad estamos construyendo así y qué futuro nos espera?.

Podemos tener infinidad de razones para estar en desacuerdo con el otro y sus planteamientos pero ¿licita eso nuestras descalificaciones, degradación, acoso (otros a esto le llamaban “jarabe democrático”… hasta que se lo hicieron a ellos y luego bien se quejaron de ese jarabe) e intento de destrucción de su honor, su dignidad humana?; ¿acaso no sabemos distinguir entre la “persona” y sus “manifestaciones”?.

Las consecuencias.

A nadie se le ocurre acercarse a un zarzal para acariciar sus tallos, no nace ese gesto amable ante sus espinas. De la misma manera, tampoco nace acercarse al que te mira con odio, te recibe con insultos o burlas, te descalifica y te trata de lo peor, te tacha de “rojo de…”, “facha de…”, y demás (no me pidan que ponga aquí la retahíla de cosas que hay a cientos que no hacen sino ocupar espacio inútilmente y no construyen nada bueno).

Con esas dinámicas saturadas de VIOLENCIA contra las PERSONAS (personas que somos mucho más que todas nuestras manifestaciones y apariencias y que tenemos además la capacidad de cambiar, evolucionar, crecer en todos los sentidos) lo que hacemos es generar cada vez más sectarización de la sociedad, aislamiento,… y debilitamiento de nuestro ser comunitario.

Acumulamos pensamientos y recuerdos negativos que actúan como barreras, muros o fosos insalvables que imposibilitan el entendimiento: pre-juicios. Estos prejuicios llevarán a incapacitarnos para ver en los planteamientos de los otros verdades y aprendizajes que nos perderemos pues en lugar de valorar eso positivo nos vamos a quedar únicamente en aquello que nos parezca censurable.

Salgamos de ésta, salgamos.

El primer paso está en nosotros mismos. Es necesario reconocernos a nosotros mismos tal cual somos, ser capaces de reconocer nuestros errores, valorar nuestros aciertos, nuestras dificultades y fortalezas, saber perdonarnos a nosotros mismos cuando alguna vez dañamos a los otros o a nosotros mismos; saber reconocer que no somos perfectos, no lo sabemos todo y ni siquiera tenemos un autoconocimiento del 100% y, finalmente, admitir que somos seres vivos en constante crecimiento y evolución: no somos los mismos de hace 20 años ni mañana seremos exactamente igual que lo somos ahora.

El siguiente paso es consecuencia del primero: Abrir los ojos, nuestros oídos, nuestra mente al otro y descubrir en el otro a “otro yo”, que siente como yo, que desea vivir feliz como yo, que querría el bien para todos o al menos para los más cercanos como yo, al que le duelen los peñazos como a mí, al que entristece la soledad forzosa como a mí,… quien querría un país, un pueblo, una sociedad mejor… como yo, que querría experimentar tolerancia hacia él/ella… como yo.

¿Y las diferencias?... Las diferencias forman parte del paquete de las OPORTUNIDADES. Son oportunidades que nos invitan a dialogar empezando por ESCUCHAR al otro y entender el porqué piensa como piensa y actúa en consecuencia. y luego EXPRESARNOS hablando de nosotros mismos no para imponerle nuestras perspectivas sino para que también el otro al menos pueda comprendernos.

¿Y después?. Después será más sencillo preguntarnos: ¿Qué nos une?, ¿qué tenemos en común?, ¿Cómo podemos hacer para construir juntos un proyecto que beneficie a todos?... y desde eso que nos une idear la forma de crear ese proyecto común.

Tenemos unos cauces y medios, unos espacios privilegiados para desarrollar nuestra teranga:

  1. -La familia: Es la primera escuela para la convivencia. En ella se establecen las bases de lo que tiene que ser el diálogo, la escucha, la comunicación, el respeto, el amor al otro aunque haya mil diferencias.
  2. -La escuela: Que debe estar en coordinación con la familia, viviendo y desarrollando los valores que ya se han sembrado en las relaciones familiares pero ahora atendiendo a una más amplia diversidad social.
  3. -Asociaciones de vecinos: Donde tenemos la oportunidad de encontrarnos todos cuantos formamos parte de un barrio no sólo para organizar y disfrutar de algún festejo o actividades lúdico culturales, sino también para abordar las cuestiones que necesiten solución en nuestra zona; siempre desde los valores señalados: respeto, tolerancia, diálogo, apertura al otro, no violencia.
  4. -Partidos políticos: En los que nos preocupemos más de aportar propuestas de solución a los problemas que de descalificar a los otros; donde se debata todo lo que sea necesario pero jamás se descalifique a nadie, menos aún en los parlamentos o espacios de gobierno municipal, autonómico o nacional.
  5. -Comunidad cristiana: Entiéndase: comunidades parroquiales, comunidades cristianas de base, movimientos cristianos, congregaciones religiosas,... también las confesiones cristianas no católicas,... viviendo la coherencia con el mensaje del Maestro de Nazaret quien no sólo no excluyó a nadie sino que se hizo especialmente cercano de los últimos, de los alejados; quien no juzgó ni condenó, nos enseñó a AMAR y nos invitó a amarnos unos a otros como Él lo había hecho.
Santi Catalán
santi257@gmail.com